Exclusivo

Hoy por hoy

Nuestros políticos están condenados irremediablemente a repetir sus errores, ya sea por falta de conocimiento de su entorno o por simple indiferencia. Hace poco, supimos del traslado de varias secretarías que manejaba el Ministerio de la Presidencia. Una de las dependencias con las que decidió quedarse fue la Dirección de Asistencia Social, el reemplazo del polémico Programa de Ayuda Nacional, que fue foco de corrupción. No solo no la eliminó, sino que su consejo consultivo –creado para fiscalizar sus labores– fue eliminado y su director ahora responderá directamente al ministro de la Presidencia, a la sazón, también Vicepresidente de la República, funcionario duramente cuestionado por las compras relacionadas con la pandemia. Estos consejos consultivos se crean a fin de generar confianza y rendición de cuentas, pero nuestros políticos se ensañan contra todo vestigio de transparencia y cometen el error de recurrir a la discreción como forma de administración pública, lo que es un completo anacronismo. No aprenden, no disciernen, son incapaces de ver más allá de su limitado campo visual. Toda esta reforma al Ministerio de la Presidencia, a la luz de lo que vimos y vemos, genera justificadas suspicacias.