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Un informe de la Oficina de Naciones Unidas de Servicios para Proyectos, que analizó en 2016 el contrato de la llamada Ciudad de la Salud, no deja lugar a dudas lo mal concebida que fue, desde su inicio, esta obra, que terminará costando cientos de millones más de lo previsto. Y es así, porque su construcción fue la excusa perfecta para despojar a los asegurados de decenas de millones de dólares. No debemos olvidar que esta obra –junto con las coimas– sería pagada por quienes aportan dinero a esta institución, que, como se sabe, lleva años agonizando. El estudio de Naciones Unidas reveló deficiencias en las reformas que se hicieron al contrato para beneficiar a la empresa, a lo que hay que agregar el problema que representa que una constructora deba también dotar de equipamiento médico de última generación a un complejo hospitalario. Un informe interno de la CSS encontró que no existía un plan de inversión y que la supervisión de la obra se diluye entre distintos departamentos de la CSS; hasta se podría considerar que no existía un equipo establecido para responder por el estatus y resultados del proyecto. Ahora muchas cosas tienen explicación... Y todavía nadie asume la culpa.