Cuando es la autoridad la que pone el ejemplo, cómo se puede culpar al resto de los funcionarios o ciudadanos si los imita. O para qué perder el tiempo en hacer investigaciones –penales o administrativas– si lo que existe en Panamá es la infalible certeza del premio. La palabra investigación se ha convertido en un sinónimo de descarada sorna; es el embuste al que ahora echan mano para calmar los ánimos de una sociedad harta, caldeada porque, sin importar lo grave o insignificante que hagan, los políticos son sujetos inalcanzables por la justicia. Gozan de libertad para actuar con impunidad. Nos enteramos del rampante nepotismo cuando la familia del político encumbrado empieza a hacer valer entre sus pares su apellido, el origen de su nombramiento, su ascendencia, su presumido derecho a ocupar puestos de trabajo en el Estado porque alguien de su familia pertenece a la corte gubernamental. El Presidente, el Procurador, los ministros de Estado, el Contralor, los administradores de justicia ¿dónde están? ¿Realmente hay alguien preocupado por el destino de este país? Aquí nadie rinde cuentas. Cada día se hace más claro el fallido Estado en el que nos hemos convertido.
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17 ago 2020 - 04:25 AM
