El ministro de Salud y otras autoridades del sector nos pintan una realidad muy distante de la que se vive en los hospitales públicos del país. Todo el personal que labora en estas instituciones está expuesto, pero especialmente lo está el de la primera línea de defensa. Sus carencias son de una inhumanidad inaceptable; corren el riesgo de contagiarse y de contagiar a terceros por la falta de insumos de protección. Los tiempos que toman los trámites burocráticos son inverosímiles. Esas carencias nos hablan del sacrificio de un personal hospitalario que pone por encima de su propia seguridad la salud de la población. Los políticos, en cambio, solo nos dan excusas. Sus justificaciones no explican, por ejemplo, por qué un hospital modular funciona sin el refrendo de Contraloría, pero las compras para proteger el personal de salud deben cumplir hasta el último requisito burocrático, pese a que ha comenzado a contagiarse e, incluso, a morir; o por qué unas compras pasan todo el largo proceso y otras, sencillamente, ni siquiera aparecen en Panamá Compra. Esta indolencia ha resultado ser mucho peor que la propia pandemia. Ahora, el ministro se ha comprometido a solucionar tan grave situación. Por el bien del país, que así sea.
Exclusivo
Hoy por hoy
27 jul 2020 - 04:01 AM
