Exclusivo

Hoy por hoy

De la noche a la mañana, una familia quiere convertir a Panamá en una monarquía, en la cual la regla es “el Estado somos nosotros”. No ha bastado la vergüenza mundial a la que el país ha sido sometido por sus actuaciones en un quinquenio tenebroso, para que ahora se pretenda que el presidente de la República y el ministro de Relaciones Exteriores deban usar el poco capital político de Panamá, para exigir a Guatemala que le sean entregados dos personas que huyeron de Estados Unidos. ¿Que clase de aberración histórica pretenden realizar? Los panameños tenemos bien claro que estas personas ya tenían su pasaporte de inmunidad judicial, habiendo recibido fianzas en ausencia, sin haber sido indagados, y hasta salvoconductos para desplazarse por todo el país en medio de la pandemia. Se les autorizó un vuelo humanitario, con un pasajero adicional al presuntamente autorizado. Tuvieron cinco años para venir a la justicia sin prebendas ni blindajes. Nadie les cree que ahora, ante la seriedad de los señalamientos del FBI en una corte federal de Nueva York, han visto la luz camino a Damasco. Alto a la impunidad y basta de manchar el nombre de Panamá.