En medio de la crisis sanitaria, la enorme incertidumbre política, y la cadena de sorpresas judiciales que azotan a Panamá, los diputados de la bancada gobernante presentaron un espectáculo a la altura de sus ambiciones, y del tamaño de su mediocridad. Se pensaría que después de la cena memorable en una legendaria parrillada, la bancada del PRD se habría puesto de acuerdo consigo misma, para decidir las directivas de las comisiones permanentes. Tal proeza de gobernabilidad está muy distante de los apetitos de los “honorables” diputados que, como una jauría rabiosa, se repartieron los cargos, sin tomar en cuenta lealtades o pactos políticos. A un incómodo veterano diputado lo exiliaron a una menospreciada Comisión de la Mujer, mientras que otros eran figuritas de un álbum que aparecían repetidas en las más poderosas comisiones. ¿Por qué la disputa a última hora? Todos buscan la mayor influencia para ejercitar el peor chantaje posible contra el Órgano Ejecutivo, de su propio partido, que se ha venido a menos. Así la casta de diputados que controla al PRD extorsiona a su gobierno y tiene secuestrado al país.
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16 jul 2020 - 05:00 AM