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En mayo, la planilla de los servidores públicos costaba $375.2 millones al mes, lo que representa un crecimiento de 8.4% con respecto al mismo mes, pero del año pasado. A pesar de una reducción de cerca de 2 mil colaboradores, la terrible tendencia del aumento de las erogaciones salariales del Estado en tiempos de pandemia confirma que una cantidad significativa de los escasos recursos públicos, son consumidos por la burocracia estatal. No hay medidas de eficiencia, ni evaluación de rendimiento ni concursos de méritos. Tampoco existe una verdadera carrera administrativa, que garantice que los servidores públicos más comprometidos y talentosos puedan dedicarse a los asuntos de Estado. La crisis sanitaria ha servido para evidenciar que esa burocracia estatal no está capacitada para los grandes desafíos del país. El Estado panameño ha tenido que endeudarse para sufragar los pagos de esta jugosa planilla de personal, que contrasta con los limitados recursos asignados a la población, para enfrentar sus necesidades durante la cuarentena. Sin la mejora de los servicios estatales, no se está invirtiendo, si no despilfarrando los dineros de todos.