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Hoy por hoy

La Asamblea Nacional contrató recientemente una suntuosa remodelación exclusivamente para la bancada del gobernante PRD. ¿Entonces, por qué escogieron un restaurante para reunirse para tomar una decisión del Legislativo? Porque se sienten impunes. Para colmo, con total ausencia de sentido común, una ministra de Estado asistió al evento, a pesar de que conoce muy bien los estragos provocados por la crisis sanitaria. Por esto, los manifestantes que reaccionaron con una protesta espontánea dejaron en evidencia el hastío de los panameños y, de esta forma, defendieron a la opinión pública al expresar su repulsa al descaro político partidista. No fue un error de cálculo, como se escudan los políticos, sino un acto de soberbia y menosprecio a los ciudadanos, que pagan sus salarios y son víctimas de sus decisiones. Cuando ya era evidente la práctica de la justicia diferenciada entre los ciudadanos y los encopetados con conexiones políticas, ahora nos mandan el mensaje de que las normas solo deben ser cumplidas por los indefensos ciudadanos. Basta ya de tanto privilegio y arrogancia del poder. La paciencia se agotó.