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En la ciencia contemporánea, los estudios deben ser transparentes y los resultados deben someterse a evaluación independiente. Esto se reiteró días atrás, cuando un grupo de científicos y médicos publicó una carta abierta, cuestionando el artículo de la revista The Lancet, en el que se concluyó que la hidroxicloroquina aumentaba el riesgo de muerte de algunos pacientes de la Covid-19. Este artículo trajo como consecuencia que la Organización Mundial de la Salud recomendara suspender las terapias con ese medicamento. Los investigadores que llaman la atención sobre la publicación denuncian el secretismo de los datos, el vacío de información sobre los protocolos de privacidad de los pacientes y hasta la ausencia de un examen ético. Estos cuestionamientos ponen de relieve que en la ciencia, las dudas se deben resolver con evidencias y más transparencia. En medio de una pandemia, no hay espacio para la opacidad y la ambigüedad. Esa es una lección que se debe aplicar con urgencia a otras actividades humanas.