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Hoy por hoy

Para que funcionen las democracias, debe existir un alto nivel de moralidad política. En el caso de la actual Asamblea Nacional, la bancada oficialista cuenta con la mayoría suficiente para llevar adelante la agenda legislativa de forma responsable y holgada. Los diputados dieron su palabra de que se haría una designación de un nuevo Defensor del Pueblo. Inexplicablemente han retrasado esta designación más allá de un término razonable, manteniendo en su cargo a una controversial funcionaria encargada, que a su prontuario político y profesional, ahora debe agregarle un fallo de la Corte Suprema de Justicia, desfavorable, en el penoso caso de un plagio académico. La Defensoría del Pueblo es la única posición del Estado que exige constitucionalmente que quien la desempeñe exhiba un comportamiento moral. Haber convertido esa institución en otro botín para tachonarlo de nombramientos partidarios, sobre todo de personas distantes del perfil de los defensores de derechos humanos, ha sido un gravísimo error de los diputados. Ustedes tienen el deber y la facultad de corregir esa equivocación, escogiendo a un nuevo Defensor del Pueblo.