Exclusivo

Hoy por hoy

Las palabras no bastan. Si se predica sobre el “buen gobierno”, hay que dar el ejemplo. Por ello es inadmisible que el Vicepresidente de la República se haya negado sistemáticamente –así como su familia– a responder sobre anomalías detectadas por este medio en obras ejecutadas en Penonomé con la intervención directa de una empresa en la que figura su nombre. Su empresa recibió más de $1 millón en contratos para obras menores, que incumplen sus contratos. Su negativa a dar respuestas levanta suspicacias y perjudican la imagen de su gobierno. Pero no es nuevo en él negarse a dar explicaciones. De hecho, su actitud ya la había expresado en un discurso durante la inauguración de Expo Inmobiliaria Acobir 2020, en enero pasado, cuando dijo “que se utilizó el poder político para perseguir y satisfacer propósitos personales y en el camino se le hizo mucho daño a nuestra sociedad, a nuestro país y a nuestro futuro… al pasado nunca más”. Reveladoras palabras que evidencian su permisiva tolerancia a flagrantes actos de corrupción, pues con sus palabras negó la existencia de tales abusos. Es justo esa permisibilidad a la que hoy aspira la que convierte en hueco su discurso del “buen gobierno”.