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Hoy por hoy

Se le ha llamado de distintas maneras, desde desarrollo comunitario hasta inversión local y, actualmente, descentralización. Lo que debió ser una esperanza, se ha transformado en otra llave de despilfarro y corrupción. Con el dominio del clientelismo y la prevalencia del capricho, decenas de millones de dólares de los impuestos de los panameños se han transformado en un botín que los alcaldes y representantes de corregimiento utilizan para su pequeña versión de la cortadera de cinta de los mandatarios nacionales. ¿Cómo se puede hacer descentralización sin capacidades propias de gestión, inspección o supervisión? La forma en que se determinan proyectos, desde aceras hasta playas, da la espalda a la atención de las más urgentes prioridades comunitarias. Los gobiernos locales no tienen una visión estratégica del presente y futuro de sus áreas de competencia. Desde ese punto de partida surgen todos los demás errores y vicios contraídos por el proceso de descentralización. Este país necesita con urgencia municipios robustos, eficientes y transparentes. El camino recorrido hasta ahora nos lleva irremediablemente al fracaso.