Se le ha llamado de distintas maneras, desde desarrollo comunitario hasta inversión local y, actualmente, descentralización. Lo que debió ser una esperanza, se ha transformado en otra llave de despilfarro y corrupción. Con el dominio del clientelismo y la prevalencia del capricho, decenas de millones de dólares de los impuestos de los panameños se han transformado en un botín que los alcaldes y representantes de corregimiento utilizan para su pequeña versión de la cortadera de cinta de los mandatarios nacionales. ¿Cómo se puede hacer descentralización sin capacidades propias de gestión, inspección o supervisión? La forma en que se determinan proyectos, desde aceras hasta playas, da la espalda a la atención de las más urgentes prioridades comunitarias. Los gobiernos locales no tienen una visión estratégica del presente y futuro de sus áreas de competencia. Desde ese punto de partida surgen todos los demás errores y vicios contraídos por el proceso de descentralización. Este país necesita con urgencia municipios robustos, eficientes y transparentes. El camino recorrido hasta ahora nos lleva irremediablemente al fracaso.
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03 mar 2020 - 05:00 AM