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Odebrecht, la protagonista del teleculebrón de corrupción más famoso de América Latina, ha acordado reunirse con sus acreedores el próximo 18 de marzo. Este es un nuevo intento de poner la casa en orden, de una constructora que ha sido carcomida por los escándalos de corrupción, los dramas judiciales y los conflictos familiares de quienes le dieron su nombre y apellido. Aunque no queda claro cuál será la estrategia de la compañía ante sus acreedores y financistas, el razonamiento obvio conduce a considerar que la empresa necesita más contrataciones para sobrevivir. Mientras las autoridades investigativas panameñas le han dado un nuevo aire al caso judicial, sigue sin definirse cómo el Estado garantizará el cumplimiento de las obras comprometidas y la recuperación de los dineros mal habidos. Panamá debe estar alerta con respecto a estas negociaciones, porque lo que allí se decida nos afectará directamente. Es imperdonable que los funcionarios públicos sigan permitiendo que esta empresa contrate en nuestro país, sobre todo si mantiene información fundamental de sus coimas y de los coimeados en la oscuridad.