El vertimiento de arena y la siembra de mangle son acciones emprendidas por Cuba para frenar el cambio climático, que deteriora sus costas y amenaza su industria turística.
Durante el periodo 2018-2020 fueron ejecutados proyectos de vertimientos de arena en Varadero y Playa de Cayo Blanco, en Matanzas, Playas Las Dunas y Cayo Santa María (Villa Clara), entre otras, dijo Odalys Goicochea, directora de Medio Ambiente del ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio ambiente.
Muchas de esas playas están enclavadas en los principales polos turísticos de la isla, que hasta que inició la pandemia recibían más de 4 millones de turistas y generaban 2 mil 500 millones de dólares, la segunda entrada económica del país después de la venta de servicios médicos.
Al celebrarse ayer el Día Mundial del Medio Ambiente, Goicochea recordó que la isla echó a andar desde 2017 un plan nacional para enfrentar el cambio climático, al que concede prioridad, ante estudios que revelan una aceleración del deterioro.
La isla transita hacia un estado con características similares a un sistema climático con un efecto invernadero intensificado en la atmósfera terrestre, con un incremento de la temperatura anual del aire superior a 1 grados Celsius en 2030, y de 3.5 grados en 2070, con respecto al rango de referencia 1961-1990. También se prevé una extensión de la etapa veraniega y una disminución del periodo invernal.
Estimaciones del aumento del nivel del mar realizadas en la primera década del siglo sugerían un ascenso de 27 centímetros para 2050 y de 85 cm en 2100. Las últimas actualizaciones elevan esos valores a 29.5 y 95 cm en los mismos plazos, informó. Cuba posee más de 5 mil 700 kilómetros de costas, donde residen pequeñas comunidades.


