Entrega Especial

Dante en Ucrania - Perdido en el Donbás: sobrevivir entre minas y combates

Dante en Ucrania - Perdido en el Donbás: sobrevivir entre minas y combates
Imagen generada con herramientas de inteligencia artificial

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Dante en Ucrania

Perdido
en el Donbás:
sobrevivir entre
minas y combates

Tercera Entrega

Bajo un cielo iluminado por explosiones, Dante descendió al corazón del combate. Al tocar tierra comenzó una travesía marcada por el frío, la muerte y los fantasmas de una infancia que nunca logró dejar atrás.

— Cuando salté —recuerda Dante—, lo primero fue el shock. En el momento que estás en el aire te das cuenta de eso, ¡de que estás en el aire! No ves un carajo. En mi caso fue todo como silencio y ruido al mismo tiempo, no sé cómo explicarte. Sentía un ruido ensordecedor del viento que desapareció al abrirse el paracaídas. La boca la tenía muy muy seca porque respiras por ella… ahora sé que debes respirar por la nariz. Era un segundo de paz, el siguiente de pánico y yo pensando: ¿Qué putas hago yo aquí colgado?

— Es casi imposible que sobrevivieras sin ningún entrenamiento en salto —le cuestioné—. ¿Cómo maniobrabas?

— El invierno hace que la noche sea bastante clara, también la nieve, por eso ves hacia dónde vas, más o menos dónde vas a caer. Yo tiré de la primera vaina, la amarilla que me había dicho Connor. Después de eso vi dos cordones, como las poleas que hay en los gimnasios, colgando a los lados. Por inercia y por lo que había visto en programas, en videojuegos, en Discovery, me imaginé que una era para voltear a la derecha y la otra a la izquierda, y las dos juntas son el freno. Lo que yo no sabía era que esa mierda iba tan rápido. Al principio bastante bien, creo que podía controlarla. Me desconcentraba porque se me estaban congelando los labios y la cara, que estaba helada. Y bueno, la caída fue humillante.

Literalmente Dante descendió al umbral del infierno.

¿Estás muerto?

Aterrizó de la forma menos heroica, de nalgas, hacia atrás, perdiendo el equilibrio: primero el golpe en los glúteos y el coxis y, arrastrado por el paracaídas, le siguió la espalda y el resto del cuerpo.

— Me raspé todo el culo, quedé con un hueco en el pantalón… pero estaba vivo. El de Nigeria cayó peor que yo, él cayó sobre un árbol, sin poderse zafar, y allí se quedó toda la noche.

— Te estás adelantando. ¿Dónde caíste? ¿Y los demás? ¿El avión?

— Connor cayó al lado mío porque él me venía siguiendo y él sí sabía cómo era la vuelta. Cayó cerca. Yo caí y me quedé tirado como diez minutos, atontado, dándome cuenta de todo lo que había pasado. De hecho, cuando Connor llegó yo estaba tumbado, cuando lo vi me empecé a reír, me cagué de la risa. Es que cuando me vio tirado me preguntó "Are you dead?", ¿Estás muerto?, y yo le contesté, "Estoy vivo" y empecé a reírme. Estábamos en medio de la nada.

Connor le indicó que doblara el paracaídas y que se lo trajera mientras huían del claro adonde habían aterrizando. Se metieron en un pequeño bosque y, arropados cada uno con el suyo, pasaron una noche de diez grados centígrados bajo cero en algún sitio del Donbás.

A Kawa, el nigeriano, lo ayudaron a descender del árbol al amanecer. Él estaba casi apagado por la hipotermia.

Dante desconoce qué le pasó al avión. Después de que ellos saltaron, recuerda haberlo visto vertical, en picada, pero no puede asegurar si era porque a los pilotos los habían matado en el motín, si la nave pudo seguir o si las baterías antiaéreas ucranianas lo derribaron.

"En la cagadera de abrir el paracaídas yo no vi ninguna explosión."

Los demás

Connor, Kawa y Dante iniciaron juntos su recorrido a la incertidumbre.

— ¿Qué suerte tuvo el resto de la gente, los colombianos, por ejemplo?

— No, no me volví a topar con ellos. Caímos divididos, unos como a doscientos metros, otros lejísimos, desperdigados.

Connor asumió que estaban cerca de Donetsk por los disparos y la agresividad del conflicto.

"Yo no tenía ni puta idea dónde estaba. Él sí se sabía ubicar, que si el norte, el sur, y había estudiado el conflicto, mapas, dónde había ríos y montañas. La verdad es que si yo no hubiera conocido a Connor, yo no estaría hoy hablando contigo."

Mapa de Ucrania con el Donbás, Donetsk y Lugansk
El Donbás comprende las provincias de Donetsk y Lugansk, en el este de Ucrania, limítrofes con Rusia. Archivo

El Donbás es una región industrial y minera del este de Ucrania, limítrofe con Rusia. La comprenden las provincias de Lugansk y Donetsk.

Luis De Vega es corresponsal de guerra de El País de España. Conoce bien Ucrania. En marzo estuvo en la parte del Donetsk que controla Ucrania, a la que ha vuelto justo coincidiendo con esta publicación.

"El 70% de la región de Donetsk está bajo control ruso y el 30% restante por Ucrania. Acoge ahora mismo los principales centros de combate —comenta el veterano periodista—. Lugansk, está en un 98% bajo control ruso, es la parte que más domina."

El Donbás, de mayoría rusoparlante y con fuertes vínculos económicos y culturales con Rusia, se convirtió en el principal foco del conflicto entre Moscú y Kiev desde 2014. Putin reclama el Donbás alegando que está protegiendo a hijos de Rusia y por sus nexos históricos, mientras que Ucrania lo considera parte inseparable de su territorio soberano.

Soldados de fortuna

Aproveché para preguntarle a De Vega sobre el reclutamiento de mercenarios, incluyendo la presencia de latinoamericanos.

"Sí, se ha publicado mucho de los de Corea del Norte bajo un programa organizado por Kim Jong-un, por ejemplo. Yo conozco que hay o había un grupo de cubanos en uno de los centros de prisioneros de guerra capturados en el Donbás por Ucrania. También sé que hay colombianos, bastantes, y otros muchos reclutados en África donde Rusia tiene conflictos activos e intereses. De lo que no estamos seguros es de qué tipo de información lleva cada grupo o recluta, si llegan conociendo adónde van o si llegan engañados, o su grado de experiencia militar. Todo es muy diverso."

Ucrania también tiene mercenarios combatiendo de su lado.

Santiago estuvo 15 años trabajando para las Fuerzas Armadas colombianas. Fue reclutado por una empresa americana en Colombia hace nueve años, después de que Rusia se había ya anexado Crimea. La oferta económica fue muy tentadora, pero también aceptó irse por las amenazas que en su país recibía su familia.

"Al principio me pagaban 4,800 dólares mensuales, por un contrato de 3 años. Nos fuimos unos dos mil colombianos. Después fueron bajando la paga cada vez más – contó Santiago, quien sigue en Europa trabajando en el mercado negro de la construcción -. Estuve en la guerra ocho años, pero dejaron de pagarnos el año pasado y me fui."

Ucrania es ocho veces más grande que Panamá. Tiene una superficie mayor que toda Centroamérica junta. El Donbás, sumado al área de Crimea, tienen una superficie superior a la de Panamá. Esto ayuda a entender la enorme extensión territorial sobre la que se desarrolla la guerra.

Caminar a campo abierto es muy peligroso, quedas expuesto, en la mira de todos. Por ello, el plan de Connor era buscar la ciudad más próxima, Donetsk capital, luego pasar por Pokrovsk para alcanzar Bakhmut.

Mapa de Ucrania con el Donbás, Donetsk y Lugansk DONETSK zona de combate POKROVSK BAKHMUT bajo control ruso BIELORRUSIA destino de escape RUTA DE ESCAPE DE DANTE A pie Ruta de escape
Ruta de escape planeada por Connor: desde el Donbás, pasando por Pokrovsk hasta Bakhmut, para desde allí buscar la frontera con Bielorrusia. Elaboración propia

La ruta de escape

Connor sabía que Bakhmut, que sufrió una de las batallas más encarnizadas de la guerra y estaba devastada, llevaba dos años bajo control ruso, por lo que sería un sitio menos peligroso.

Desde allí buscarían la vía para alcanzar Bielorrusia, probablemente alineados al área fronteriza, para poder escapar ese infierno.

La primera lección que recibió de Connor: moverse de noche, descansar de día. La segunda: caminar detrás suyo, pisar justo donde él había pisado sin detenerse.

"Nos tomó tres días llegar a la ciudad —narra Dante—. El último día, andábamos paralelo al camino de tierra, pero Kawa no nos seguía como se le dijo, se abría. Yo iba andando justo detrás de Connor y él detrás mío. Escuché el boom y todo me salpicó de rojo. El nigeriano se comió una mina. Se estaba acomodando los cordones y voló. Yo no tenía idea de que había minas. Connor lo intuía. Calculaba en qué parte podían ponerlas y en qué parte no, pero no estaba seguro. Las minas no son para las personas sino para los vehículos. Por eso no caminábamos por donde estaban las marcas de las llantas."

Los cadáveres estaban por doquier, más aún cuando se fueron aproximando a la ciudad.

La nieve y el frío extremo de hasta diez grados bajo cero marcaron los primeros días de Dante y Connor en el
                    Donbás.
La nieve y el frío extremo de hasta diez grados bajo cero marcaron los primeros días de Dante y Connor en el Donbás. Unsplash / uso editorial
Ciudad de Donetsk

Donetsk

"Mi primera visualización de la guerra en una ciudad en la que todo se va a la mierda fue en Donetsk, la más sangrienta que me pudo tocar. Yo en Donetsk no estuve semanas, estuve meses. No lográbamos salir, nos costó demasiado."

Las masacres fueron rutina.

Nostalgia

Refugiado de día, dentro de edificios hechos añicos por los bombardeos, cuando le tocaba hacer guardia mientras Connor dormía, pensaba en los suyos, sus compañeros de escuela, sus amigas de Panamá, su familia, o al menos, en su abuela.

Dante creció en Coclé, de padres separados desde que tuvo uso de razón. La madre desapareció de su vida y su padre lo llevó con él a Penonomé donde también vivían sus abuelos.

"De niño me repetían: 'tu mamá te abandonó'. Bueno, ya para entonces tenía una madrastra. De chico nunca me llevé con ellos. Mi papá me pegó mucho y ella también. Vivía castigado, encerrado. Mis amigos se limitaban a los de la escuela, un colegio católico. Siempre comía solo en los recreos, desde kínder hasta la secundaria. Fui muy infeliz. Cuando me pegaban o castigaban, yo juraba que apenas cumpliera los 18 me iría de casa. Incluso se lo decía a mi papá y él me contestaba que sí, que me largara cuando quisiera."

"¿Sabes algo? —interrumpió Dante su relato familiar para confesarme una anécdota—. Aquella noche en Berlín, antes de meterme en el camión, tuve miedo, me acobardé. Llamé a mi padre. No habíamos hablado en meses. Le conté que me iba a la guerra, quizás inconscientemente necesitaba que alguien me frenara. Me escuchó y finalmente me dijo, 'bueno, ok, no te mueras', y colgamos."

Parque de Penonomé, Coclé, Panamá
Penonomé, capital de la provincia de Coclé, donde Dante creció junto a su padre y su abuela. Archivo

A los 13 años pegó un estirón, creció hasta el 1.85 que ahora tiene. Recuerda oír las peleas de su padre con su madre por teléfono, siempre por plata. Ella vivía en la capital, solo la vio un par de veces durante toda su niñez. Cuando tenía como 15 años le dijeron que se había muerto.

¿Se suicidará?

"Después apareció, yo estaba más grande. Ella era muy manipuladora. Un par de veces me dijo que se iba a suicidar porque le había pasado tal o cual cosa. Yo no dormía mortificado porque se iba a matar… a los tres días sabía que estaba en la playa."

"Lo único bueno que yo tenía era a mi abuela, me escapaba a su casa. Ella me dejaba salir, jugar con amigos, o sea, me dejaba ser un niño, podía ir al cine, por ejemplo, cosa que nunca conocí en mi hogar", afirma con nostalgia.

A los 16 años, Dante se fue de su casa.

"La cosa se fue poniendo más heavy. Los golpes pararon el día que yo, que me había desarrollado, lo empujé de vuelta."

Hicieron una especie de trato. Paró la violencia física pero siguió la verbal. "Decían cosas muy hirientes. Mi madrastra me insultaba refiriéndose a mi mamá como 'la puta esa'. Me castigaban dejándome encerrado o hacían planes familiares sin mí, ellos dos y mi hermanastro, que había nacido cuando yo tenía 11."

Vivió donde su abuela hasta que terminó la secundaria, a los 17 años. Con su altura y buenas facciones, lo llamaron un día a un casting y terminó saliendo en un par de anuncios publicitarios locales.

La metrópolis

Con 18 años se fue a la capital.

"Me metí a estudiar buceo industrial y estuve meses aprendiendo a hacer reparaciones submarinas de estructuras y cascos. Supe que a los buzos les pagaban 15,000 dólares mensuales por reparar plataformas marinas, pero no terminé."

Trabajaba en McDonalds para pagarse los cursos y el alquiler de un cuarto en Condado del Rey. Después fue recepcionista de un hotel.

"Salí con varias hembritas, todas me partían el corazón. Finalmente, cumplí mi gran sueño: comprarme una moto. Siempre soñé con tener un apartamento y manejar una moto con mi chaqueta de cuero."

Con la moto, dejó el hotel y empezó a hacer repartos en Pedidos Ya.

En ese tiempo apareció su mamá que había estado unos meses en Arabia Saudita.

"Un noviazgo me tenía sin plata pues todo me lo gastaba en ella. Me mudé con mi mamá. Por primera vez vivimos juntos, pero ella dejó de tomarse sus pastillas y a la semana me dijo que yo era una mierda, que ojalá nunca hubiera nacido."

Quería salir huyendo, sin plata y con un corazón roto. Un amigo penonomeño lo acogió en su departamento, por Rio Abajo.

"Terminé complaciendo a una 'clienta' por cien dólares. Lo empecé a hacer, pero no tanto, entraba a sitios de internet, hasta aprendía a hacer masajes. Compré otra moto y trabajaba doce, catorce horas, bajo la lluvia, varios días muerto de hambre.

Cada mañana era lo mismo, la misma tristeza, la misma frustración.

"Me había vuelto a mudar, a un departamento de un pelao que trabajaba en Copa. Con él conocí gente nueva, con mil historias de viajes, de países y aventuras, y me preguntaba, ¿pero yo qué hago en Panamá?"

Por sus nuevas amistades supo de los vuelos de Condor, la aerolínea alemana de bajo costo que tenía un único vuelo semanal a Frankfurt. Supo de esas locuras de las tarifas, que si volabas conectando con un segundo destino, a veces salía más barato. Conectar y seguir a Viena le salía por menos que quedarse en Frankfurt.

Y así, el bisoño viajero con un equipaje lleno de agravios partió con 19 años a Europa.

"Cuando yo vi por primera vez esas hembras con los ojos celestes y cabellos rubios, me repetía en Viena: ¿Pero, yo qué hacía en Panamá?"

Lee la cuarta entrega

La guerra, el hambre, las muertes y los malditos drones

Próxima entrega

Equipo periodístico

  • Fernando Berguido — Texto y reportería
  • Yolanda Sandoval — Coordinación editorial
  • La Prensa Panamá — Edición
  • Víctor Tisnado — Maquetación y desarrollo web

Créditos fotográficos

  • Portada / paracaídas — Imagen generada con inteligencia artificial
  • Mapa del Donbás — Diseño La Prensa
  • Mapa de ruta — Diseño La Prensa
  • Foto de Donetsk — Unsplash
  • Polaroid de Donetsk — Pixabay
  • Foto de Penonomé — Alexander Arosemena

Las imágenes utilizadas en este reportaje tienen fines exclusivamente editoriales e ilustrativos. Algunas corresponden a fotografías de archivo o de bancos de imágenes. Otras son ilustraciones elaboradas a partir de testimonios, documentos y relatos recopilados durante la investigación, con el propósito de representar visualmente escenas para las que no existen registros fotográficos.

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