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Dante en Ucrania: El vuelo clandestino que terminó sobre el frente de guerra

Dante en Ucrania: El vuelo clandestino que terminó sobre el frente de guerra
Imagen generada con herramientas de inteligencia artificial

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Dante en Ucrania

El vuelo
clandestino
que terminó sobre
el frente de guerra

Segunda Entrega

Lo despojaron de su teléfono, de su ropa y de su identidad. Le entregaron un uniforme ruso, un paracaídas y la orden de obedecer. Horas después, atrapado en un avión militar sacudido por disparos y explosiones, Dante descubrió que el viaje apenas comenzaba.

Ni en sus peores pesadillas, Dante hubiera podido presagiar en lo que se transformaría su vida luego de subir a ese camión.

Al estacionamiento que le habían indicado, en las afueras de Berlín, llegaron entre cuarenta y cincuenta personas la madrugada del jueves 18 de diciembre de 2025.

Viktor, con su barba mal afeitada y su cicatriz en el labio, lanzaba instrucciones. Les dijo que el trayecto tomaría un par de horas por lo que, señalando al interior, los invitó: "acomódense, relájense, podrán dormir, hay aire acondicionado…"

"Era invierno, así que todos nos miramos a la cara", recordó Dante.

La puerta se cerró y partieron a las 4:30 a.m. Adelante iban el conductor, con la cara oculta, y Viktor.

Dante notó que todos eran inmigrantes, cerca de la mitad eran negros, el resto de piel más clara.

De Berlín a Rusia

Poco a poco fue intercambiando comentarios con los que estaban más cerca suyo. Algunas caras no daban pista de su procedencia. Reconoció a unos colombianos, por su acento, eran siete. Encontró a un hondureño y a dos salvadoreños.

Cerca suyo había un británico llamado Connor con quien enseguida conectó. Fue afortunado, se convertiría en su ángel de la guarda. Próximo también estaban un brasileño y un nigeriano. A este último no le entendió su nombre pero sonaba parecido a Kawazaki, como la marca de las motos, así que él le puso Kawa.

"Cuando se cerró la puerta e iniciamos el recorrido me di cuenta de que nos habían jodido, y bien jodidos. No tenía señal dentro del camión. Pensé que era algo pasajero, pero la señal nunca volvió, ni a mí ni a nadie más. Me puse a jugar Pac-Man y Galaga. Después que pasaron las primeras cuatro horas, se me apagó el móvil, me quedé sin carga."

Las manos de Dante con su teléfono móvil
Las manos de Dante sosteniendo el teléfono que usó hasta quedarse sin batería durante las once horas de camino. Fernando Berguido / La Prensa

Una pista aérea

El recorrido duró más de once horas. Cuando llegaron a su destino en Rusia, un aeródromo, estaba atardeciendo. Pasaron como 15 minutos dentro del camión encerrados. Se escuchaban voces afuera y otros vehículos.

"Cuando abrieron la puerta, había un militar con una bolsa grande y otro con un rifle de asalto. Nos ordenó en inglés: 'Todos en fila'. Algunos no hicieron caso así que pegó un tiro… y todos entendieron enseguida por dónde iba la cosa. Gritó: 'cell phones'. Tiré mi teléfono a la bolsa. Lo que a mí me salvó, pensaba yo, fue que logré sacar la sim card sin que se dieran cuenta y la metí en la bota."

Al sitio llegaron tres camiones más, con la misma cantidad de reclutados. O sea, eran ahora cerca de doscientos.

La siguiente fila era para una revisión individual, contra el camión.

Fernando Berguido entrevistando a Dante
Fernando Berguido durante la entrevista con Dante en la que reconstruyó los hechos de aquella noche. La Prensa Panamá

— Te iban revisando todo, te palpaban el cuerpo entero, las axilas, los huevos… y te quitaban todo lo que llevaras, absolutamente todo.

— ¿Y tus documentos, tu pasaporte?, le pregunté.

— Es que yo, antes de salir de Berlín, le pedí a un amigo que me guardara ciertas cosas: mi cartera con la cédula, el pasaporte, tarjetas de Panamá, cosas así, también la ropa buena que había comprado, todo lo puse en mi maleta. Si yo iba para la guerra, pensé, yo no voy a necesitar esto. Mi amigo se iba a Viena y le pedí que se lo llevara consigo. Por suerte lo hice.

Uniformes de guerra

Después había otra fila para entrar al hangar. Allí les hicieron cambiarse, les dieron lo que sería su nuevo uniforme. En el cambio, perdió la sim card.

Primero se puso ropa interior térmica, luego un portaplacas blanco, sobre este una chaqueta que tenía la bandera rusa y, encima de todo, un abrigo acolchado de camuflaje verdoso y un casco.

Tropa rusa uniformada en invierno
Tropas rusas con el uniforme de invierno similar al que le fue entregado a Dante al llegar al aeródromo. EFE

A algunos le dieron armas; no a todos. Repartieron paracaídas a unos cuantos. Era muy extraño.

"A mí me dieron paracaídas pero no armas. A los africanos no les dieron armas ni paracaídas. Noté que se estaba formando como una revuelta entre los grupos. Yo le pregunté a Connor, '¿What is happening?', ¿qué ocurre?, y él me dijo que le preguntara al colombiano."

— No sé marica, yo creo que se va a formar una locura —le respondió el paisa.

— Ellos saben que va a pasar algo pero no me dan detalles —le contó Dante a Connor.

¿Dónde vamos ahora?

El avión era enorme, tenía cuatro motores, de esos de transporte militar que se abren por detrás, con una gran rampa. Por ella fueron subiendo. Había unos bultos en el centro y al fondo. Cuando empezaron a entrar al avión, Dante, que estaba al medio de la larga fila, se asustó.

"Yo me cagué, me fui quedando rezagado y terminé entrando casi al final. No sabía qué mierda iba a pasar."

Unos iban parados, otros recostados y los menos, lograron sentarse.

Despegaron esa noche. Creían que se enrumbaban a la base donde firmarían los contratos y recibirían el adiestramiento. Pronto descubrirían que ese no sería su destino.

Pero antes, valga una aclaración.

— Dante, tú estás convencido de que estaban en Rusia pero no es posible —advertí.

— Nos dijo Viktor que nos llevarían a Rusia, que nos darían los uniformes. Todos hablaban ruso, sus uniformes tenían banderas rusas —contestó—. ¿Por qué lo dices?

— Porque once o doce horas por carretera desde Berlín no alcanzan para llegar a Rusia. Hay que cruzar la frontera con Polonia, atravesar toda Polonia y toda Bielorrusia para entonces ingresar a Rusia —le aclaré.

El estudio de los planos, de las distancias y consultas con expertos indican que lo más probable es que Dante y su grupo de incautos habrían llegado a Bielorrusia.

Mapa de Europa mostrando Alemania, Polonia, Bielorrusia, Ucrania y Rusia Archivo

El aliado de Putin

Desde febrero de 2022, y bajo la dictadura de Alexander Lukashenko, Bielorrusia ha sido uno de los principales apoyos estratégicos de Rusia. En el país se ha permitido el entrenamiento y despliegue de tropas rusas, así como el uso indiscriminado de sus bases aéreas, incluyendo el lanzamiento de misiles contra Ucrania.

No sería extraño, entonces, que un recluta extranjero llegara a una base situada físicamente en Bielorrusia y concluyera que estaba en Rusia, en especial Dante, un bisoño recién reclutado y sin referencias geográficas.

Bielorrusia ha permitido el uso de sus bases aéreas y el despliegue de tropas rusas desde el inicio de la invasión. Archivo
Ministro de defensa ruso Shoigu
Serguéi Shoigú, ministro de Defensa de Rusia hasta 2024 Archivo

"El vuelo duró como una hora y media —recuerda Dante—. Esa mierda iba rápido. Yo estaba con el británico, Connor, él fue quien me salvó el culo. Hablamos mucho, de cosas de las guerras. Me contó que él era un mercenario, que había peleado en Irak y que le había salido otra misión pero al final se decidió por esta. Al preguntarme mi edad, me contó que tenía un hijo, un año mayor que yo. Tenía dudas sobre lo que estaba ocurriendo, como eso de que unos tuviéramos paracaídas y otros no así como lo de las armas."

Interior de un avión de transporte militar de fabricación soviética, similar al que transportó a Dante y a cerca de 200 reclutados hacia el frente de guerra. Ricardo Delpiano — El Aéreo
Interior avión militar — vista vertical
Interior de un avión de transporte militar de fabricación soviética. Ricardo Delpiano — El Aéreo

La revuelta

Entonces empezaron a descender y, de pronto, se escucharon detonaciones afuera. Dentro, la gente empezaba a hablar cada vez más alto, mostrándose más agresiva, cada grupo en su lengua. La nave maniobraba.

— Montado en una de las cajas pude ver que los que estaban más adelante, cerca de la cabina de mando, se estaban alzando molestos, narró.

— ¿Fue así como empezó el motín?, le pregunté.

— Sí, se empezó a formar el verguero. La verdad yo no me había dado cuenta. Connor fue el que me lo dijo, me agarró del cuello del chaleco y me puso más cerca de la puerta, una de las puertas laterales por donde se lanzan los paracaidistas ordenándome: ¡quédate aquí! Junto a nosotros estaba el brasileño. A él le habían dado paracaídas pero no armas, igual que a mí, pero él quería pistolas, estaba muy heavy con eso.

— ¿Y Connor?

— Él sí tenía paracaídas, pistolas y rifle, iba bien cargado, y además municiones, tenía el kit completo. El brasileño tenía municiones pero no tenía armas, era una locura. Y el de Nigeria, ese no tenía nada. Kawa se empezó a desesperar porque él sí entendía lo que decían los otros africanos, los que estaban más al frente. "Se va a formar el despelote", nos dijo. En eso se escuchó el primer disparo dentro del avión. Los que tenían armas las sacaron y los que no tenían se las querían quitar a los que sí tenían. Un grupo intentaba meterse a la cabina de los pilotos…

— ¿Afuera seguían las explosiones? O sea, ¿estaban sobrevolando ya una zona de guerra?

— En ese momento se abrieron las compuertas. Yo no sé si fueron los pilotos que apretaron un botón o los sublevados si habían entrado y mataron a los pilotos, no supe… Lo que sea que estaba pasando en la cabina no lo sé pero se abrieron la rampa y las puertas. Era todo un mierdero. Escuchamos como un ¡bum! Era una turbina, descendía el avión pero no en picada. Las cajas que estaban dentro empezaron a salir expulsadas, como eyectadas con fuerza, las veías salir y como al caer se abrían sus paracaídas… salían disparadas, con mucha fuerza… y se llevaron a un par de personas que cayeron al vacío. Y bueno, a otros yo no sé qué les pasó, qué pensaban, si era la desesperación o una cosa africana… pero unos los vi lanzarse por las puertas y ellos no tenían paracaídas… no lo sé, ¿depresivos?, ¿supieron que igual morirían en la guerra?... no sé la verdad, fue horroroso.

— ¿Ustedes qué hacían?

— El brasileño empezó a meter puñetazos quería quitarle armas a los demás. El nigeriano también se fue a lo loco. Al final consiguió un paracaídas, de un tipo al que le habían metido un tiro y estaba tirado en el piso. El brasileño no te sabría decir: lo vi cómo se iba perdiendo y perdiendo, metiéndose hacia la cabina de mando…

— ¿No lo viste más?

— No —contestó con la cabeza mirando al piso—. Yo me estaba agarrando con toda mi fuerza. Había una presión impresionante, una fuerza que te chupa y te chupa. Ahora te lo digo con risa pero en ese momento me oriné. Estaba aterrado. Solo me decía: yo qué mierda hago aquí, me debí quedar en la cápsula de Berlín, que aún me quedaban unos días.

— ¿Tú aún tenías tu paracaídas?

— Sí, sí, el arnés puesto pero no lo sabía usar. Fue Connor quien me dijo, "¿See these two handles?", "¿ves estas dos asas?", "Pull the yellow", "Tira de la amarilla para que se abra el paracaídas". La otra, "the red one just in case", "la segunda es emergencia, por si la primera no abre." Pensé en los videojuegos. En eso, una de las turbinas del otro lado explotó. Connor y yo sentimos que el avión iba muy vertical. Fue cuando me agarró con fuerza, "¡Tírate!", me ordenó y sentí su empujón. Él se tiró detrás, unos segundos después.

— Saltaste al vacío. ¿Qué sentiste?

— Iba cagado, yo gritaba y gritaba. Era de noche, no se veía nada. Lo único que noté es que había otros aviones y las explosiones. Desde el aeródromo que habíamos despegado solo salió nuestro avión, lo que me decía que los otros aviones habían salido de diferentes bases hacia el mismo destino. Las detonaciones venían de abajo, supongo que de Ucrania que quería tumbar los aviones. Era porque estábamos en el Donbás, la parte de Ucrania mayormente controlada por los rusos, donde se libraban las peores batallas. Eso lo supe después.

Lee la tercera entrega

¿Los habían engañado diciéndoles que iban a Rusia al entrenamiento y a firmar contratos? ¿O las fuerzas ucranianas habían interceptado los aviones rumbo a su destino?

Próxima entrega

Equipo periodístico

  • Fernando Berguido — Texto y reportería
  • Yolanda Sandoval — Coordinación editorial
  • La Prensa Panamá — Edición
  • Víctor Tisnado — Maquetación y desarrollo web

Créditos fotográficos

  • Portada / avión interior — Imagen generada con inteligencia artificial
  • Tropa rusa — EFE
  • Cúpula militar — Archivo
  • Avión militar (interior) — Ricardo Delpiano / El Aéreo
  • Entrevista con Dante — Fernando Berguido / La Prensa
  • Teléfono de Dante — Fernando Berguido / La Prensa

Las imágenes utilizadas en este reportaje tienen fines exclusivamente editoriales e ilustrativos. Algunas corresponden a fotografías de archivo o de bancos de imágenes. Otras son ilustraciones elaboradas a partir de testimonios, documentos y relatos recopilados durante la investigación, con el propósito de representar visualmente escenas para las que no existen registros fotográficos.

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