Este reportaje contiene lenguaje y descripciones explícitas de hechos ocurridos en un contexto de guerra. Algunos testimonios incluyen escenas de violencia física y psicológica que pueden resultar perturbadoras.
Dante en Ucrania
Donetsk: siete
semanas atrapado
en la ciudad más
feroz de la guerra
Cuarta Entrega
Muertos en las calles, canibalismo, drones cazando personas y combates casa por casa. Esta es la historia de la travesía que un joven panameño vivió en el sitio más cruento de Ucrania.
"Todo me cambió en Donetsk – explicó Dante -. Allí aprendí a disparar, a sobrevivir, conocí cuán implacables son los drones y descubrí el canibalismo. La navidad la pasé en Donetsk, también el año nuevo."
El muchacho que había descendido en paracaídas no sería el mismo que saldría de esa ciudad siete semanas después.
Su primer arma, una pistola, la consiguió la mañana que cayeron del avión. Era la de un cadáver que estaba tirado en el piso desfigurado, de alguien a quien no se le había abierto el paracaídas. Le quitó la pistola, el rifle y los cartuchos que llevaba en la cintura.
"El rifle pesaba demasiado así que cuando conseguí la segunda pistola lo dejé. Era la de Kawa. De una parte de su cuerpo agarré lo que quedaba del cinturón con sus municiones, y tiré el rifle."
Una ciudad devastada
Atravesarían Donetsk y sus suburbios de sur a norte.
Antes de la guerra, la ciudad de Donetsk tenía un millón de habitantes. Su área metropolitana, sumando las ciudades vecinas, llegaba a los dos millones.
Se extiende unos 1,000 kilómetros cuadrados. Es un área - en tamaño y en población-, similar a la suma de Panamá, San Miguelito y Arraiján.
O sea, es como si Connor y Dante intentaran cruzar desde Tocumen hasta Arraiján, a pie, la ciudad y sus suburbios, en medio de un conflicto armado, con bombardeos constantes, edificios en ruina y con tropas rusas y ucranianas matándose.
No había electricidad en toda la ciudad. Aún hoy, quedan familias que se rehúsan a dejar sus hogares.
"Nos disparaban de todas partes", cuenta Dante al relatar el primero de tantos errores que cometió y que pudieron costarle la vida.
Uniforme ruso
Connor le había dicho que se quitara la chaqueta, varias veces.
La chaqueta blanca con la bandera rusa en un lado es lo que realmente distingue a los rusos, cuenta Dante. Sobre ella va el abrigo de invierno, el de camuflaje verdoso, encima de todo y es casi igual el de los rusos y el de los ucranianos.
"Lo que pasa es que yo no estaba entrenado para llevar tanta ropa. Digo, estábamos en un clima que desciende a 22 grados bajo cero, pero tú te vas moviendo, corriendo, con las armas y empiezas a sudar muchísimo. Por eso me quitaba el abrigo verde, porque tenía calor. Estábamos entrando a la ciudad. El único ahuevado que iba de blanco era yo. Me dispararon los ucranianos, casi me matan."
"¿Qué te dije? ¡Quítate esa mierda!", le ordenó Connor por última vez.
Después de eso, botó la chaqueta blanca y se fue cambiando de ropa con la que encontraba en los apartamentos abandonados a los que entraban. Portar uniforme o insignias era mortal.
- ¿En su plan nunca estuvo reportarse con el ejercito ruso? – le pregunté con curiosidad.
- Negativo – respondió Dante -. Nos habían engañado. Connor desde que quedamos secuestrados en la base, luego en el avión, sabía que esto iba mal, eso de que no le dieran armas a todos, que paracaídas a unos si y otros no, todo era muy sospechoso. Los rusos tienen muchas formas de reclutar, algunas directas, otros son intermediarios falsos que cobran por conseguir gente… en fin, ninguna explicación fue clara desde que nos tuvieron cautivos…escapar fue la decisión.
En Donetsk se enfrentan soldados rusos y ucranianos en una guerra encarnizada. También hay civiles, los que han rehusado irse y abandonar sus hogares, unos son ucranianos sometidos por el ejército invasor pero también están otros que son pro rusos. Además, hay desertores escapando, de ambos ejércitos, así como gente como ellos, en el lugar equivocado, huyéndole a la muerte.
Avizor siempre
"Tienes que tener un radar completo", le enseñó Connor, pues serían un blanco para todos y cada uno de esos grupos.
Siguieron avanzando de noche, pasando de un edificio a otro.
- ¿Tu primer muerto fue en Donetsk?
- Al principio yo no quería matar. Connor me enseñó a defenderme… a ver cómo te lo explico – contestó haciendo una pausa -. Los primeros días estuvimos en las afueras hasta que llegamos al área central. Connor había disparado por mí a más de diez, eliminando cada amenaza. Pero ya la ciudad es otra cosa. Lo del radar encendido me lo repetía. 'Lo que veas que se mueve, menos mujeres y niños, si no te defiendes, ellos te matarán.' Me enseñó que cada rincón de una casa, cada esquina, cada escalera, es una trampa. El primer edificio Connor lo había 'limpiado' solo, yo no hice nada. Íbamos a pasar de ese edificio al siguiente que se veía vacío y literalmente lo teníamos al lado. Nos equivocamos.
- ¿Era de noche?
- Entramos en la tarde, cuando el sol estaba bajando, cruzando de un balcón al otro. Tuve la suerte de que yo vi al sujeto antes que él a mí, porque cruzamos muy rápido. Entré al cuarto y a toda mi izquierda, en el piso, había un tipo que estaba dormido pero que con mis pasos se despertó. En un instante me apuntó con su rifle y ni me lo pensé, le disparé.
- ¿Qué sentiste?
- Al principio iba a entrar como en un sentimiento mal, pero en segundos, me di cuenta que por ese disparo venían otros. Es que resulta que el edificio estaba peor que del que veníamos, había más personas. Entonces todos ellos nos vinieron a cazar. Yo le había dado un disparo pero no me dio tiempo a procesar esa primera muerte porque me tenía que preocupar de los otros que venían entrando. Creo que estaban en la escalera del edificio porque entraron al departamento de golpe. Estuve tres o cuatro segundos viendo al que le había disparado y en eso, ¡pash!, sonó el portazo de la entrada del piso, empecé a disparar con las dos pistolas como psicótico, igual que Connor en el cuarto contiguo. Murieron varios. Saltamos a otro balcón, cogimos las escaleras y salimos huyendo.
- ¿A cuántos más les disparaste?
- Fueron demasiados.
En las calles, en edificios, por donde se movían, había muertos regados por aceras, en corredores o junto a coches abandonados.
En partes de Donetsk vieron tanques, pero aprendieron a evitar esos sectores.
En una ocasión Dante casi se parte la espalda, cayó de un balcón, de un cuarto piso al segundo.
Caídas
En otra, la caída terminó sobre un carro, rompiéndole el vidrio.
"Esa fue la última cagada de principiante que hice. Me pasó porque me encontré personas dentro de un pasillo y me empezaron a corretear. Yo no sabía bajar entre balcones pero había visto a Connor hacerlo y me resbalé en la huida. Me saqué la mierda. Yo había salido de día, cosa que Connor me advirtió no hacer, pero pensé que podía porque estaba harto encerrado. Con el golpe… imagínate la escena, yo tirado y miro para arriba. Un montón de edificios alrededor. De cada ventana ves una cosita negra que va saliendo, una más larga otra más corta, pero todas te apuntan a ti y empiezan los disparos. Me metí debajo del carro. No se explotó porque no tenía gasolina. Fue lo más heavy que me pasó pero ya no le tenía tanto miedo al sonido de los disparos. Como antes, el que me salvó fue Connor. Él me había enseñado que cuando te están disparando en ráfagas siempre va a haber un tiempo de recarga, son segundos, es mínimo pero el tirador tiene que hacer una pausa. Es ese instante de recarga en el que tienes para correr, moverte, y así logré cruzar a una entrada de vidrio en lo que Connor llegaba."
Salir de Donetsk terminó siendo un recorrido infinito.
Canibalismo
Estaba también el tema del hambre. Esa era otra de las razones por las que tenían que ir de casa en casa, buscando comida abandonada. Latas, sobras, lo que hubiera. Que fuera invierno y estuvieran sin ventanas los hogares ayudaba a preservar los alimentos, al menos algunos.
"Una vez comí unos huevos y casi muero, vomité y diarrea horrible, estaban dañados, no se cómo no me dio salmonella", recuerda.
El canibalismo lo presenció la primera noche en Donetsk.
Estaban recién llegados y decidieron descansar, uno de guardia mientras el otro dormía. Dante no podía cerrar los ojos, estaba aterrado, no importa que Connor le insistiera. Ocupaban un cuarto con cuatro ventanas en un segundo piso de donde se veía un callejón con cuerpos tirados. Se sentía el olor a sangre. De madrugada escuchó unos sonidos de puñetazos, como si alguien golpeara algo contra el piso o una pared. Por la ranura de una persiana vio a un tipo que agarraba la cabeza de un muerto dándole trancazos contra el piso. Le partió el cráneo y se empezó a comer los sesos.
"Connor me dijo que era común, que esa parte era más fácil de comerse por ser tejido blando, que no necesitaba cocinarse y tenía mucho contenido energético. Yo nunca pude pero Connor una vez si se comió un dedo de un muerto, ya cuando habíamos salido de Donetsk, pasado Pokrovsk y llegado finalmente a Bakhmut."
Los drones
¿Y los drones? El arma más mortífera de esta guerra.
"Habían muchos, muchos. Ambos ejércitos los usan. Es lo más peligroso de todo, es el peor sonido que puedes escuchar, como un zumbido de un mosquito que mientras más se va acercando se vuelve más agudo. Coño, lo escuchas y te cagas. Un misil pasa, lo oyes a lo lejos y no sabes donde detonará. El dron es más creepy porque no sabes si te va a volar la pared de al lado o si se va a estrellar contigo. Ellos se estrellan y explotan. Tienen una cámara y un palito al frente, que es el que activa la carga. En las noches se guían por el calor, tienen sensores que ubican un cuerpo humano y te persiguen. O sea, te corretean y la persecución es implacable."
Son dirigidos desde centros de comando, piloteados por expertos, vigilan, rastrean, solitarios o en grupo, de día o de noche. Los pilotos más expertos logran introducirlos en los edificios, subir escaleras, acceder espacios interiores, o bien a campo abierto, logrando detonarlos contra objetos, vehículos o edificaciones.
Los drones son la nueva herramienta de muerte de las guerras.
Esta semana, por ejemplo, el Wall Street Journal reportó sobre la billonaria partida que el Pentágono estará solicitando adicionar a su presupuesto para adquirir una nueva generación de drones que Estados Unidos considera que serán "necesarios para las guerras del futuro".
El general Ken Wilsbach, jefe de la Fuerza Aérea, declaró que los drones cambiarán la forma como su país proyectará su poderío particularmente en ataques que deban hacerse muy dentro de los territorios enemigos.
Bielorrusia, la puerta de salida
En febrero pasaron por Pokrovsk, otra de las ciudades en combate activo, tomada por los rusos pero que los ucranianos están luchando para recuperarla.
Mucha sangre derramada. En Pokrovsk pasaron menos tiempo que en Donetsk.
Dante estaba ya mucho más experimentado. "Los reflejos suben un montón porque peleas todos los días", señaló. Como equipo, sabían moverse mucho mejor.
Connor no solo le cuidaba sino que también lo ponía a practicar.
"Coño, si yo me muero, ¿tú que vas a hacer? – me decía Connor siempre-. 'Si tu te mueres a mi me la pela, me llevo tus cosas y sigo. Pero, ¿si yo me muero, tú que vas a hacer?' Él sabía que yo sin él me moriría de frio o me iban a balear, o ambas, porque tampoco iba a saber salir de allí."
Los horrores continuaron hasta que alcanzaron Bakhmut. A partir de allí tomaron velocidad.
Caminaban detrás del frente de batalla, paralelo a la frontera entre Ucrania y Rusia. Era un corredor, veloz para ellos, luego de los atascos que por dos meses y medio tuvieron que superar. En 10 días se movieron más que en las 10 semanas anteriores.
Estaban con vida. Bielorussia, que era la puerta de salida, se vislumbraba en el horizonte cuando se toparon con un campamento ruso en territorio Ucraniano incrustado entre montañas.
Los tomó por sorpresa cuando descendían de una colina.
Connor le dijo que se quedara escondido, que iría a inspeccionarlo más de cerca y volvería. Lo había hecho antes. Pero, esta vez, no regresaría.
