Pateando la mesa: Panamá va a su cuarto Clásico Mundial y se mide a Cuba

A la hora del almuerzo de este viernes, todo se detiene para los amantes del béisbol. Será el estreno de Panamá en su cuarto Clásico Mundial de Béisbol, y con una rivalidad histórica: Cuba.

Para quienes siguen de cerca el béisbol panameño, hay una sensación de que este roster está mejor construido que en ediciones anteriores. Hay una combinación tangible de experiencia, actualidad y proyección.

El reto, sin embargo, es brutal. Cuatro juegos en cuatro días, sin margen de error, frente a Cuba, Puerto Rico, Canadá y Colombia.

En el montículo, Panamá presenta una de sus versiones más completas en años. Nombres como Logan Allen, Ariel Jurado, Humberto Mejía y Jaime Barría le dan solidez a la rotación, mientras que el veterano Paolo Espino, con su tercera participación, será opción en el bullpen junto a Andy Otero, Abdiel Mendoza, Miguel Gómez, Darío Agrazal y Kenny Hernández, conformando un cuerpo de lanzadores profundo y versátil. Pero este equipo no vive solo del pitcheo. La ofensiva tiene una estructura que mezcla juventud y Grandes Ligas. Jugadores como José Ramos, Leonardo Jiménez y Enrique Bradfield Jr. representan esa nueva camada con herramientas, hambre y poder, mientras que figuras consolidadas como Edmundo Sosa, José “Chema” Caballero y Miguel Amaya aportan el nivel competitivo que exige un torneo de esta magnitud.

No es un lineup perfecto, pero sí funcional. Tiene velocidad, tiene contacto y tiene poder oportuno. Y en torneos cortos, esa combinación puede ser suficiente si se ejecuta con precisión. Panamá forma parte de un grupo selecto de países que en este 2026 estarán presentes tanto. Pero clasificar ya no basta. La ausencia de Iván Herrera, probablemente el mejor bate panameño en la actualidad, pesa.

Pero también es cierto que el béisbol, más que ningún otro deporte, premia el funcionamiento colectivo por encima de las individualidades. Y este grupo no está para lamentos. La clave será simple en teoría, compleja en ejecución: jugar partido a partido.

En un grupo tan equilibrado, tres victorias pueden garantizar el pase a la siguiente ronda. A diferencia de otros sectores del torneo, este grupo no tiene un favorito claro. Y eso, lejos de ser una desventaja, abre una puerta. Panamá debe asumir ese escenario sin complejos, entendiendo que hay con qué seguirla en Houston.


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