El atletismo panameño atraviesa un momento que combina esperanza estructural con una realidad competitiva todavía limitada.
Las futuras reapertura del estadio Armando Dely Valdés en Colón e inauguración del Complejo Deportivo de Penonomé en Coclé, así como el reciente estreno del estreno de las instalaciones de pista y campo en el Centro de Alto Rendimiento Luis Tejada, en la capital, aparecen como un salvavidas necesario para una disciplina que históricamente ha entregado resultados y medallas, pero que en los últimos años ha debido sobrevivir con recursos mínimos.
Los Juegos Suramericanos de la Juventud Panamá 2026 dejaron una radiografía clara: el talento ha tenido que desarrollarse con las uñas.
En la jornada de este jueves, los resultados reflejaron esfuerzo, pero también la brecha frente a otras potencias regionales. Zarath Buitrago finalizó octavo en salto largo masculino, mientras que Katielis Villarreal fue novena en la final femenina de la misma prueba. Dana Shuval alcanzó la sexta posición en los 100 metros vallas, idéntico resultado al de Alessandra Sarnales en los 100 metros planos.
En las pruebas de medio fondo con obstáculos, Josué Murillo y Ezequiel Lumley terminaron sexto y séptimo, respectivamente, en los 400 metros con vallas masculino, mientras que Okiany Pryce fue octava en la rama femenina. Por su parte, Fergie Santamaría ocupó la séptima casilla en la final de lanzamiento de disco.
Panamá está compitiendo con países con mucho potencial en atletismo como Colombia, Ecuador y Brasil, sin dejar a un lado a Guyana y Surinam.
El atletismo, responsable de tres de las cuatro medallas olímpicas de Panamá —dos de Lloyd LaBeach en Londres 1948 y una de Irving Saladino en Beijing 2008—, hoy clama por mejores condiciones: infraestructura adecuada, entrenadores capacitados, apoyo médico, nutricional y psicológico, y una dirigencia con mayor ambición por y para los atletas.
Las voces de Josué y Ezequiel
Las historias detrás de dos atletas de apenas 16 años de edad refuerzan ese diagnóstico.
Josué Murillo, oriundo del corregimiento de Santa Ana, y Ezequiel Lumley, de La Feria en Colón, representan a una generación que ha debido adaptarse a limitaciones constantes.
Lumley, quien también compite en salto largo, reconoció que se ha preparado con condiciones mínimas para una disciplina altamente técnica.
“Esperaba un poco más, pero di todo lo que pude. La próxima vez me esforzaré el doble para dejar a Panamá en lo más alto”, expresó Lumley tras su participación en los 400 metros con vallas. El colonense también dejó una reflexión que resume el aprendizaje competitivo: “Tengo que esforzarme muchísimo más, tomarme más en serio los entrenamientos. Me queda clara la perseverancia y la paciencia”.
Su mensaje a las nuevas generaciones está directamente ligado al cambio de infraestructura que empieza a materializarse en el país.
“Que aprovechen al máximo, que entrenen todo lo que puedan. Que le den corazón al atletismo y aprovechen esas nuevas pistas y espacios”, señaló.
Murillo, por su parte, valoró la experiencia desde una perspectiva emocional y de compromiso.
“Es un honor muy grande llevar el peso de mi país, de mi familia y de toda la gente que me apoya. A veces los resultados no son los esperados, pero hay que seguir adelante”, indicó.
Durante años, la falta de escenarios adecuados obligó a muchos atletas a entrenar en condiciones improvisadas. Sin embargo, la reactivación de recintos y la apertura de nuevos complejos en 2026 representa, en teoría, un punto de inflexión.
Murillo lo resume desde la perspectiva del atleta joven: contar con un espacio fijo y adecuado no solo mejora la comodidad, sino que permite medir el rendimiento frente a estándares internacionales.
Sin embargo, también deja claro que el factor determinante sigue siendo la mentalidad. “Siempre poniendo nuestras metas por delante y seguir entrenando donde sea necesario, en pista o en calle”, afirmó.


