China y Panamá iniciaron relaciones diplomáticas en el 2017 cuando el gobierno panameño anunció la ruptura de sus lazos con Taiwán, marcando un hito estratégico para ambos países. Taiwán y Panamá habían mantenido relaciones diplomáticas desde 1922, elevadas a embajada desde1954.
Panamá tuvo que manejar ese inicio con discreción dada la fuerza del lobby taiwanés en Estados Unidos, que había frustrado intentos de gobiernos anteriores. Sin embargo, los pasos iniciales de la nueva relación fueron imprudentes cuando Panamá autorizó la construcción de la embajada de China a las entradas del Canal, lo que produjo ronchas innecesarias con Estados Unidos.
Por eso, el día que el presidente Xi hizo su primera visita a Panamá, la marina estadounidense atracó su principal acorazado en el puerto de Rodman. El rompimiento con Taiwán e inicio de las relaciones con China dejó heridas que difíciles de sanar.
A partir del cambio de su modelo, el crecimiento económico de China representa una de las mayores transformaciones estructurales de la historia, al pasar de nación agrícola y empobrecida a la segunda mayor economía del planeta.
Entre 1982 y 2025, China registró una tasa de crecimiento promedio anual del PIB del 9.1%. En contraste, Estados Unidos experimentó un crecimiento promedio anual del 2.9%. Pero la brecha entre ambas economías aún es considerable; según el FMI en el 2025, el PIB de Estados Unidos fue de 28.7 billones y el de China de 19.6 billones.
Las ventajas competitivas de Estados Unidos radican en la innovación tecnológica, el dominio financiero global, la solidez institucional y un enorme mercado de consumo interno. China lidera en manufactura a gran escala, control de cadenas de suministro, dominio en el procesamiento de minerales críticos y rápida implementación de nuevas tecnologías.
Estados Unidos es el principal socio comercial de Panamá, consolidado por un Tratado de Promoción Comercial y un histórico intercambio de servicios, mientras que China ha emergido con fuerza como un gigante proveedor de bienes de consumo, disputando la hegemonía logística en la región interoceánica.
Un 70% de la carga que transita por el canal es norteamericana y un 16% es China, llegando a ser el segundo usuario de la ruta y principal origen de las mercancías que entran a la Zona Libre de Colón.
Para los Estados Unidos el Canal de Panamá funciona como un nodo marítimo crítico entre el Atlántico y el Pacífico que les evita desvíos de hasta 12,600 kilómetros bordeando Sudamérica. Sus ejes de importancia estratégica son seguridad nacional y defensa, flujo comercial y contención global.
Para China, el canal le permite asegurar sus cadenas de suministro y sortear posibles bloqueos marítimos en zonas de influencia estadounidense. Su importancia geopolítica se basa en seguridad alimentaria y energética, expansión de la franja y la ruta, contrapeso a la hegemonía norteamericana y flujos logísticos y navales.
El año pasado un nuevo gobierno tomó posesión en Estados Unidos, y con el argumento de que China controlaba el Canal, anunció que retomaría su control. Se recrudeció la lucha geopolítica entre los dos gigantes por nuestra posición geográfica.
Panamá tomó distancia de esa exigencia, pero cedió en dos temas de forma que para China son de fondo: el retiro de la Ruta de la Seda y la destrucción de un parque conmemorativo de la presencia china en Panamá. Además, la Corte declaró inconstitucional el contrato con Panamá Ports, empresa hongkonesa que gestionaba dos puertos en ambos lados del canal.
China respondió: retrasa las inspecciones de buques de bandera panameña y filtra la posible no renovación de la Política de Nación más Favorecida hacia esos buques en puertos chinos. Las alarmas se encendieron y Panamá adoptó distensión diplomática.
Finalmente, el futuro de las relaciones entre ambos países dependerá de que Panamá se maneje con el peso estratégico de China y refuerce su política multilateral, que China comprenda la conducta injerencista del norte y que Estados Unidos cambie de rumbo después de sus elecciones de noviembre.
El autor es exministro de la Presidencia y exsecretario de Metas.

