El nostálgico otoño colorea la vegetación de China, creando imágenes casi mágicas, llenas de belleza, misticismo y la promesa que al terminar el invierno la flora volverá a surgir.

El pasar de las estaciones es obvio recuerdo del transcurrir del tiempo. Pero, también, un aliciente para seguir adelante y encontrar lo positivo, o la paz, aún en situaciones difíciles.

Mientras va desnudando los árboles de a poco, tiñendo primero sus hojas con irónicos colores cálidos, el otoño en China trae consigo añoranza. Es un año a punto de terminar, son las distintas personas con sus propios recuerdos y luchas, es la sombra gris de las batallas con las que el mundo sigue lidiando.

En Pekín las temperaturas se balancean alrededor de los 10 grados, sus habitantes salen abrigados e intentan aprovechar al máximo las actividades al aire libre que aún pueden realizar sin que sus ropas se vuelvan más pesadas.

China se viste de amarillo, naranja y ocre
Cambio de estación en China. Roy Espinosa

La ciudad, que se enorgullece por su modernidad, sus increíbles edificios y desarrollo, cae ante la majestuosidad de la naturaleza. Las calles se llenan de hojas muertas, los árboles parecen querer dormir y los lentes de las cámaras se enfocan en sus ramas que comienzan a quedar al descubierto.

El viento es frío, húmedo, y muchos buscan refugio en una taza de té o café para mantener las manos cálidas mientras caminan. Los parques que antes rebosaban de niños jugando, ahora son refugio para los pensadores o románticos.

Hay cierta sensación de nostalgia en el otoño. Y aunque los chinos, casi siempre sonrientes, intentan mantener el buen ánimo, en sus ojos se nota que el inminente finalizar del año también los hace reflexionar.

O tal vez sea la proximidad del invierno, el cual siempre se muestra estricto. Pero aunque en estas estaciones las flores mueren, siempre hay que recordar que, como dijo Confucio: “Cada cosa tiene su belleza, pero no todos pueden verla”.