Primero quedan atrás los edificios. Después, los barcos que esperan su turno para cruzar el Canal de Panamá. Poco a poco, la ciudad se convierte en una línea distante y solo quedan el mar, el cielo y el horizonte.

Un grupo de periodistas estamos a bordo de una embarcación rumbo al Archipiélago de Las Perlas para intentar encontrar a las protagonistas de esta travesía: las ballenas jorobadas.

El sol está en lo alto. El mar parece inmenso. Y comienza la espera.

Entre julio y octubre, las aguas del Pacífico panameño se convierten en escenario de uno de los grandes espectáculos de la naturaleza. Las ballenas jorobadas recorren miles de kilómetros durante su migración hacia aguas tropicales.

El Archipiélago de Las Perlas es uno de los lugares privilegiados para observarlas.

A la espera de las ballenas: un encuentro con la naturaleza en el Pacífico panameño
El Archipiélago de las Perlas es uno de los principales puntos de observación de las ballenas. LP Getzalette Reyes

A bordo, la expectativa crece. Algunos miran hacia el horizonte, otros preparan sus cámaras y teléfonos. Hay quienes preguntan cuánto tardaremos en encontrar las primeras ballenas.

La pregunta se repite, aunque todos sabemos la respuesta: nadie puede asegurarlo.

La embarcación avanza y, poco a poco, los edificios de la ciudad desaparecen del paisaje. El azul del mar se mezcla con el cielo y los rayos del sol dibujan destellos sobre la superficie.

Entonces llega el primer aviso. —¡Allá! La noticia recorre la embarcación casi de inmediato.

El motor comienza a disminuir su marcha. El ruido se apaga poco a poco y, con él, las conversaciones. Todos queremos mirar hacia el mismo punto, aunque todavía no sabemos exactamente dónde. Esperamos.

Una aleta rompe la superficie. Después aparece una cola.

A la espera de las ballenas: un encuentro con la naturaleza en el Pacífico panameño
La temporada principal de avistamiento de ballenas va de julio a octubre. Foto/Ministerio de Ambiente

La emoción se apodera de la embarcación. Las cámaras comienzan a disparar y los teléfonos se levantan buscando registrar ese instante que puede durar apenas unos segundos.

Las ballenas están allí.

Una y otra vez, la superficie del mar se convierte en una especie de escenario. Una ballena emerge, respira y vuelve a sumergirse. Esperamos que aparezca nuevamente. Todo es cuestión de paciencia.

Después de un rato sin nuevos avistamientos, el capitán decide continuar el recorrido hacia Isla Contadora. Allí tendremos unas horas para disfrutar de la playa.

A la espera de las ballenas: un encuentro con la naturaleza en el Pacífico panameño
Isla Contadora es una isla del archipiélago de las Perlas, situada en el golfo de Panamá. LP Getzalette Reyes

La decisión también permite comprender algo que los expertos que nos acompañaban en esta actividad organizada por el Ministerio de Ambiente y grupos ambientales nos explicaron: aunque el avistamiento de ballenas es el principal atractivo, no puede garantizarse al 100%. Por eso, la experiencia se plantea como un recorrido por el Archipiélago de Las Perlas, un conjunto de islas e islotes que conserva buena parte de su riqueza natural.

La ruta comienza a convertirse en otro espectáculo.

A nuestro paso aparece Isla Pacheca, una de las joyas del archipiélago y refugio de numerosas aves marinas. Muy cerca está Pachequita, su hermana menor.

También pasamos frente a Isla Bartolomé, reconocida por sus playas de arena blanca.

Y cuando parece que la naturaleza ya nos ha mostrado suficiente, aparecen ellos. Delfines.

A la espera de las ballenas: un encuentro con la naturaleza en el Pacífico panameño
El Archipiélago de las Perlas es uno de los principales puntos de observación. Foto/Ministerio de Ambiente

Varios se acercan a la embarcación y comienzan a acompañarnos durante algunos instantes. Se mueven con rapidez, aparecen y desaparecen entre las olas. Las cámaras vuelven a levantarse.

La travesía continúa rumbo a Contadora, conocida como uno de los principales destinos turísticos del archipiélago.

Después de varias horas en el mar, la isla se siente como una pausa. Hay tiempo para almorzar, caminar por la playa, sentarse bajo el sol o simplemente entrar al agua.

Contadora ofrece varias playas, entre ellas Playa Larga, Playa Cacique, Playa Galeón y Playa Ejecutiva.

Por unas horas, el ritmo cambia. El mar está a pocos pasos y la arena bajo los pies sustituye el movimiento constante de la embarcación.

Pero el viaje todavía no ha terminado, porque después de disfrutar del paraíso, toca regresar.

Y el regreso guarda la mejor sorpresa.

La embarcación vuelve a internarse en el mar y, casi como si el océano hubiera decidido despedirnos de otra manera, aparecen nuevamente las ballenas.

Esta vez hay más movimiento.

Algunas están acompañadas por sus crías.

Las voces comienzan a escucharse de un lado a otro de la embarcación.

—¡A las 12!

—¡A las 6!

Las referencias funcionan como un reloj imaginario. “A las 12” significa mirar hacia el frente; “a las 6”, hacia la parte posterior. Todos giramos la cabeza intentando seguir las indicaciones.

A la espera de las ballenas: un encuentro con la naturaleza en el Pacífico panameño
El avistamiento está regulado para reducir el impacto sobre los cetáceos. Foto/Ministerio de Ambiente

Una ballena aparece. Luego otra. El espectáculo vuelve a comenzar. Esta vez nadie parece querer perderse un solo segundo.

Y mientras las ballenas aparecen y desaparecen, los delfines regresan para completar el encuentro. Varios se acercan a la embarcación y la rodean durante unos minutos.

Es el tipo de momento que las cámaras intentan guardar, aunque ninguna fotografía consiga transmitir por completo la sensación de estar allí.

A la espera de las ballenas: un encuentro con la naturaleza en el Pacífico panameño
Las aguas cálidas del Pacífico panameño son utilizadas por las ballenas para reproducirse, parir y cuidar a sus crías. Foto/Ministerio de Ambiente

En el viaje también hubo una imagen menos agradable.

Entre tanta belleza natural, pudimos observar algunos vasos desechables, latas de sodas y cervezas y otros plásticos flotando o en las cercanías de la ruta.

El mismo mar que cada año recibe a las ballenas jorobadas, que sirve de refugio a aves, delfines y otras especies, también carga con los residuos que dejamos los seres humanos.

Por eso, quienes realizan estos recorridos recomiendan prepararse para pasar varias horas en el mar. Ropa ligera, protector solar, anteojos de sol, gorra, cámara, binoculares y una botella o envase reutilizable para agua son algunos de los elementos que conviene llevar.

Pero quizá el equipaje más importante sea otro: paciencia y respeto.

A la espera de las ballenas: un encuentro con la naturaleza en el Pacífico panameño
De julio a octubre es el periodo en que las ballenas jorobadas procedentes del Pacífico Sur llegan en mayor número a las aguas panameñas. Foto/Cortesía/Ministerio de Ambiente

Paciencia porque las ballenas pueden aparecer cuando menos se espera.

Respeto porque estamos entrando en un espacio que no nos pertenece.

La embarcación finalmente emprende el regreso hacia Amador.

La ciudad reaparece y queda la sensación de haber presenciado algo que no ocurre todos los días: una cría nadando junto a su madre, una cola golpeando el agua, un grupo de delfines jugando alrededor de la embarcación y un archipiélago que, por unas horas, pareció estar completamente apartado del mundo.

Quizá eso sea lo fascinante de buscar ballenas.

Uno parte creyendo que va a encontrarlas.

Pero termina descubriendo que el verdadero viaje está en esperar, observar y dejar que sea la naturaleza la que decida cuándo aparecer.