Panamá tendrá que esperar hasta 2029 para volver a contar con una medición de sus estudiantes en el Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA), después de no participar en la edición de 2025. Para la investigadora educativa Mariana León, esa decisión representó una oportunidad perdida para conocer no solo el nivel de aprendizaje de los alumnos, sino también otros factores relacionados con su desempeño.

No participar fue simplemente un error”, sostiene León, al considerar que una evaluación como PISA no debería depender de si un ministro de Educación cree o no en ella.

A su juicio, la participación en este tipo de pruebas debe convertirse en una decisión permanente del país. “PISA es ciencia, son datos”, plantea. Panamá, sostiene, debería asumir el compromiso de participar tanto en PISA como en el Estudio Regional Comparativo y Explicativo (ERCE), independientemente de los cambios de gobierno.

León advirtió que el debate sobre PISA suele concentrarse en la posición que ocupa cada país, pero ese no es, desde su perspectiva como investigadora, el principal valor de la prueba.

Mariana León, investigadora en educación

Nos invitaron a que nos tomáramos una fotografía de cómo estamos y nosotros decidimos no participar en la foto.

El ranking es lo último que yo miro”, afirmó a La Prensa.

PISA permite relacionar los resultados con distintos factores asociados al aprendizaje y, a partir de esa información, identificar áreas en las que pueden tomarse decisiones.

Entre esos factores están las expectativas educativas de los padres y su participación en la educación de sus hijos. Preguntarles cómo les fue en la escuela, qué aprendieron o qué no entendieron, así como acompañarlos con las tareas, son acciones asociadas con mejores resultados de aprendizaje.

Por ello, León considera que los resultados de PISA no deberían interpretarse como una calificación exclusiva del Ministerio de Educación. También pueden aportar información útil para las escuelas, los docentes, los directores y las familias.

Panamá perdió una oportunidad con la inteligencia artificial

Para León, uno de los elementos más relevantes de PISA 2025 fue la incorporación de preguntas y factores relacionados con el uso de la inteligencia artificial.

Para Panamá, quedar fuera significó perder la posibilidad de contar con información rigurosa sobre cómo sus estudiantes utilizan estas herramientas.

La investigadora señaló que la inteligencia artificial representa un nuevo desafío para los sistemas educativos, porque su uso no necesariamente produce mejores aprendizajes. Según los datos de PISA que analiza, los estudiantes que utilizan IA para tareas básicas, como redactar o resumir, obtienen en promedio resultados inferiores en ciencias.

La diferencia, explicó, ronda los 20 puntos, una magnitud que la OCDE estima equivalente aproximadamente a un año de escolaridad.

Pero León aclaró que esto no significa que la inteligencia artificial sea perjudicial en sí misma. El desempeño puede ser distinto cuando los estudiantes reciben formación para utilizarla de manera adecuada.

Ahí ve otro riesgo para Panamá: la inteligencia artificial puede ampliar las brechas educativas existentes.

Los estudiantes de sectores socioeconómicos más favorecidos tienen mayores posibilidades de recibir formación sobre alfabetización en IA, mientras que en contextos menos favorecidos la herramienta puede terminar utilizándose principalmente para resolver tareas, resumir o redactar.

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Por eso, consideró necesario fortalecer primero competencias básicas como matemática, lectura y comprensión. Un estudiante necesita esas herramientas para evaluar si una respuesta generada por inteligencia artificial es correcta y distinguir la información confiable de aquella que no lo es.

León también destacó que muchos estudiantes no verifican las fuentes que reciben mediante estas herramientas. Por ello, considera necesario desarrollar capacidad crítica para comprobar si una fuente existe y si la información es válida.

No participar en PISA fue ‘simplemente un error’: Mariana León, investigadora en educación

¿Qué hacer mientras llega PISA 2029?

Panamá no debería limitarse a esperar la próxima edición de PISA, según León.

El país cuenta con otras fuentes de información. Entre ellas está ERCE, en el que Panamá ya ha participado, además de evaluaciones que pueden aplicarse dentro de las escuelas para conocer las condiciones particulares de los estudiantes.

León mencionó el diagnóstico aplicado en marzo de 2026, cuyo propósito era que los docentes conocieran el punto de partida de sus alumnos. A su juicio, es importante darle continuidad a este tipo de mediciones y volver a aplicar la evaluación cuando corresponda para observar los avances.

También hay decisiones que pueden tomarse sin esperar una nueva prueba internacional.

Una de ellas está relacionada con la disponibilidad de docentes. A partir de la evidencia de evaluaciones internacionales, León señala que la falta de maestros en las escuelas está asociada con menores resultados académicos.

Por ello, recomendó como una medida concreta que el año escolar 2027 comience con todas las plazas docentes solicitadas cubiertas, de manera que los estudiantes no enfrenten periodos sin clases por falta de profesores.

No participar en PISA fue ‘simplemente un error’: Mariana León, investigadora en educación
La última participación de Panamá en PISA fue en 2022.

El problema de los cambios de gobierno

Otro obstáculo que identificó León es la duración de los ciclos políticos.

Las reformas educativas pueden necesitar muchos años para producir resultados. Como ejemplo, menciona la educación preescolar: una ampliación de la cobertura puede tener efectos que no se reflejen en PISA hasta que esos estudiantes lleguen a los 15 años.

Eso significa que una decisión tomada hoy puede producir resultados cuando ya haya cambiado el gobierno que la impulsó.

León explicó que este ciclo político dificulta mantener políticas educativas de largo plazo. Los ministros son designados políticamente y saben que su permanencia está vinculada al periodo de gobierno, por lo que una reforma cuyos resultados se verán muchos años después puede perder prioridad.

Por eso, sostuvo que el país necesita planes, proyectos y acciones dentro del propio Ministerio de Educación (Meduca) que tengan continuidad más allá de una administración.

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No basta con saber que hay un problema

León también advirtió que mejorar el aprendizaje no es sencillo, incluso para los países que participan regularmente en estas evaluaciones.

Naciones de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) que han medido sistemáticamente a sus estudiantes y han puesto en marcha políticas públicas también enfrentan dificultades para conseguir mejoras.

“Antes era más fácil lograrlo, ahora es más difícil”, subrayó.

La investigadora manifestó que el avance acelerado de la tecnología y los cambios en la manera en que los estudiantes aprenden podrían estar relacionados con este nuevo desafío, aunque aclaró que PISA y la OCDE todavía no han establecido de manera definitiva por qué está ocurriendo.

Para Panamá, su conclusión es que la respuesta no debería ser esperar hasta 2029 para volver a conocer los resultados.

La prioridad, planteó, es mantener la medición de manera sostenida, aprovechar la información disponible y utilizarla para tomar decisiones en las escuelas, con los docentes, las familias y los estudiantes.

Y, sobre todo, convertir la participación en las evaluaciones internacionales en una política que no dependa de quién ocupe el Meduca.

Perfil de la entrevista:

  • investigadora de Quality Leadership University y el Centro de Investigación Educativa de Panamá, e integrante de Ciencia en Panamá.