Hace poco releía a un audaz y creativo escritor panameño: Rafael Pernett y Morales. Una de sus obras fue lectura obligada hace años en muchos colegios públicos, mas no en el mío. Con el tiempo lo descubrí y desde entonces el autor es como un héroe para mí, pues la exactitud de sus descripciones, sobre todo la que hace de la “runchería” en su novela Loma Ardiente y Vestida de Sol, es de las mejores. Leerla es sencillamente un disfrute intelectual.
Novela de un contenido social impresionante, fue premiada con el Miró de 1973. Pese a los años, sigo viendo en ella mucho de hoy. Recomiendo su fácil lectura (en línea). La obra está escrita en buen panameño, como esa descripción de “runchería” que hace a través de un personaje que he mencionado un par de veces en esta columna: Silvia, la taquillera en un cine que “iba a trabajar en chancletas y con el pelo de estopa hecho una etcétera. Silvia no usaba sostén y los pechos le caían por debajo del ombligo, aplastados como corbatas. Cuando usaba pantalones, los llevaba tan ajustados, que se le notaba la digestión desde la acera de enfrente. Y se llenaba la cara de colorete y de cremas hidratantes, deshidratantes, noxema y hasta, si se quiere, calamina. Silvia era una runcha. Otra cosa no podía ser cuando se notaba su presencia antes de que llegara por la estela de olor a ajo mezclado con berrinche o cualquier cosa parecida a ese coctel aromático. Ni haciéndolo adrede nadie sería tan runcho como Silvia”.
Pero la runchería de Silvia, ha sido superada desde entonces por algunos personajes que, con maniobras vulgares y corrientes, se burlan de todos nosotros. Por ejemplo, se ríen de normativas que obligan a las empresas morosas con la Caja de Seguro Social (CSS) ponerse al día o, de lo contrario, no pueden contratar con el Estado. Con el juega vivo de un lavador de dinero, avalado por el Gobierno de José Raúl Mulino, despojan a la gente de centenares de miles de dólares para darle sustento a medios controlados por el del más runcho de todos: el condenado que huyó para no mostrarnos el lugar al que pertenece.
Llegó a la Presidencia teniendo cuantiosa riqueza material que, al parecer, no le bastó. Así que se dedicó a lo que los hijos muy bien describieron en una corte en Estados Unidos. El traidor los traicionó y los traicionados lo traicionaron a él para reducir su condena. El padre, también condenado en Panamá por lavado, enfrenta más procesos, incluso en Europa. Su singular fetidez de delincuente barato –“ajo mezclado con berrinche”– echa a perder todo a su alrededor.
Mientras tanto, su discípulo está lleno de contradicciones, aunque se explican por la conveniencia. Por ejemplo: No le tembló la mano para desbaratar la supuesta mafia del Suntracs, pero delincuentes condenados –sus excompañeros– tienen cabida en su Administración, como Gustavo Pérez, y algunos más que, a la luz y a la sombra, gobiernan y roban. Pero él se mira al espejo y se ve a sí mismo como un caballero de ley, aunque sus acciones personifican su caricaturesca versión de Silvia. Si algo hicieron bien maestro y discípulo fue bautizar su campaña como “Martinelli es Mulino y Mulino es Martinelli”. Gemelos clonados a partir de los genes de Silvia.
Si el presidente busca respeto y el otro busca votos, ¿cómo le pueden quitar recursos a pacientes y ancianos que no pueden defenderse? ¿Se puede ser más runcho? Por todo esto no quisiera terminar esta columna sin sugerirle una alternativa a los amigos del cerebro de la runchería: ¿Qué tal si les digo –como decía el otro gran runcho– que sus fieles seguidores pueden desplegar canastas móviles por calles y barrios de todo el país para recoger el dinero que el emperador de los supermercados le debe a la CSS y pagarle a sus empleados con plata que no sea del Tesoro Nacional?
Imaginen centenares de grandes canastas de ropa sucia, empujadas por camachos y dinoskas, con una manzana azul impresa a los costados de los cestos, con un gusano saliendo de la fruta, sonriente, mostrándonos sus bolsillos vacíos y diciendo: Soy el gusano de Blue Apple… Lavemos juntos el chen chen… Así, sus adláteres se aseguran de que el pobre gusano cumpla sus obligaciones y evitan el despojo a la CSS. Recoger medio millón será un paseo allá por donde vive Silvia… en la loma ardiente y vestida de sol.

