Han pasado cuarenta y nueve años desde la firma de los Tratados Torrijos-Carter y los resultados de lo que la firma del Tratado sobre el Canal de Panamá ha implicado nos permiten afirmar que no solamente se pudo derrotar la perpetuidad que pesaba sobre el Canal de Panamá bajo el dominio, control y jurisdicción de los Estados Unidos de América, sino que se ha podido realizar la utopía de que el Canal de Panamá, nuestro Canal, esté hoy día en manos de nosotros, los panameños. Toda una proeza, sin duda alguna.

Ahora bien, decirlo así, afirmarlo de esa manera, pudiera llevarnos a pensar, cuarenta y nueve años después de ese hecho histórico, que la firma del Tratado del Canal de Panamá fue algo fácil, que lo acordado en dicho Tratado no tuvo mayores complicaciones. Pensarlo así es desconocer nuestra historia, la historia de lucha y sacrificio de varias generaciones de panameños por alcanzar ese objetivo. Es por eso que esa historia, por lo que representa, por el significado y valor que tiene en la forja y consolidación de nuestra nacionalidad, no debe ser olvidada y, por tanto, toda panameña, como todo panameño mínimamente formado, está en la obligación de estudiarla y, desde luego, conocerla.

En efecto, los más de setenta años transcurridos entre el Tratado Hay-Bunau Varilla de 1903, conocido como el Tratado que ningún panameño firmó, y los Tratados Torrijos-Carter están llenos de historia: la historia por la eliminación del Tratado Hay-Bunau Varilla y el paso a manos de los panameños del control y administración del Canal de Panamá y su plena soberanía en todo el territorio que comprendía la denominada Zona del Canal. Por tanto, la firma del Tratado del Canal de Panamá de 1977 por el general Omar Torrijos Herrera, mediante el cual se abrogó el Tratado Hay-Bunau Varilla de 1903 y, con él, la cláusula que establecía que Panamá concedía a perpetuidad a los Estados Unidos de América “el uso, ocupación y control de una zona de tierra y de tierra cubierta por agua para la construcción, mantenimiento, funcionamiento, saneamiento y protección” del Canal de Panamá, vino a representar el momento cumbre en el que se hacía presente toda esa historia de lucha para que el Canal fuera, como lo es hoy día, de Panamá.

La perpetuidad que se pudo derrotar: la utopía realizada

Fue una historia que se fue construyendo por etapas, marcada por diversos momentos y acontecimientos, caracterizada por procesos de negociaciones con sus avances y retrocesos, que tuvo un gran número de protagonistas, entre ellos y, sobre todo, los Mártires del 9 de enero de 1964; historia que exigió, sin duda alguna, armarse de mucha convicción nacionalista en cuanto a tener la seguridad de que, por difícil que pareciera alcanzar el objetivo trazado, tarde o temprano este se lograría. Así lo tenía claro en aquellos momentos, entre otros muchos panameños, el insigne jurista Carlos Bolívar Pedreschi, quien, en su trabajo titulado Canal propio, Canal ajeno, publicado en 1972, afirmaba que “la causa nacionalista, por la desproporción de las fuerzas que desafía, es superior a un hombre, es superior a un gobierno y, por algún tiempo, superior a todo un pueblo que necesitará de sacrificios de años, y a veces de generaciones, para ver cumplidos sus objetivos”.

Es por ello por lo que todo lo que ha representado y representa el Canal de Panamá, y lo que costó para que pasara a dominio y administración panameña, explica que se haya introducido en la Constitución actual todo un título constitucional denominado “El Canal de Panamá” y que se haya consignado, para que no lo olvidemos, que “el Canal de Panamá constituye un patrimonio inalienable de la Nación panameña”, es decir, que pertenece a todas y todos los panameños. Debo imaginar y pensar, por la relevancia que tiene, que este tema, el del título constitucional “El Canal de Panamá”, es uno de los que son abordados, debatidos y discutidos por quienes están llevando a cabo el proceso de constitucionalización dirigido a aprobar una nueva Constitución. Es decir, mal se puede estar debatiendo con relación a un posible cambio constitucional sin que tengamos una posición clara sobre lo que va a ocurrir con el título constitucional “El Canal de Panamá”.

En fin, en estos cuarenta y nueve años de conmemoración y celebración de la firma de los Tratados Torrijos-Carter, cabe tener presente que los panameños hemos sabido honrar nuestra historia y la memoria de todos los que lucharon porque el Canal de Panamá fuera y siga siendo panameño. La forma como lo hemos administrado así lo demuestra con creces. Ese es nuestro orgullo: que el Canal de Panamá está en manos de panameñas y panameños que han sabido asumir, con dignidad y profesionalismo, el gran reto que representa administrar ese patrimonio inalienable de todos los panameños, nuestro Canal.