Desde el día del terremoto, los habitantes de Malena no han vuelto a dormir en sus casas. Se refugiaron en una loma, lejos del mar, por temor a un tsunami. Allí pasan las noches a la intemperie, bajo lonas improvisadas y con la incertidumbre de no saber qué pasará.
Allí, la comunidad armó un campamento con lo que tenía a mano. Lonas azules y grises amarradas a los árboles y a las columnas de concreto de una construcción sin paredes. Sillas plásticas y mesas con botellas de agua. El suelo es de barro rojo, con charcos de la última lluvia. Las mujeres y los niños ocupan las sillas.

Más arriba, bajo otra lona, hay carpas de campaña de colores sobre la hierba. Ahí están los mayores. Una mujer con bastón, un hombre con sombrero y otros sentados en sillas blancas. Conversan, observan la lluvia caer y esperan, sin saber qué vendrá después.
Detrás se observan los cerros de Mariato.
“Estamos acá en una altura, donde nos refugiamos por miedo a un tsunami”, dice Samuel Fuentes, camiseta roja y gorra negra, con una botella de agua en las manos.

Malena es un pueblo de playa en el sur del distrito de Mariato, en la costa pacífica de Veraguas, a un costado de la península de Azuero. Su playa es famosa porque en ella anidan las tortugas marinas; pero ahora sus vecinos temen al mar.
Después de dos días de la tragedia, Fuentes pide lo básico: leche, pan, arroz, aceite, café, agua, pañales desechables para los niños.
El sismo del viernes 9 de octubre, de magnitud 7.5 según el Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá y de 7.7 según el Servicio Geológico de Estados Unidos, tuvo su epicentro cerca de Tonosí, en Los Santos, a poca distancia de la costa. Las alertas de tsunami se extendieron por el Pacífico, de Centroamérica a Chile, y luego se levantaron.

En Isla Caña, en Tonosí, el Sistema Nacional de Protección Civil (Sinaproc) evacuó a unas 300 personas por el incremento del nivel del mar.
En Malena, la cuenta de Fuentes es precisa. Más de 12 casas quedaron completamente destruidas. El 80% de las viviendas de la comunidad, según narra, tiene grietas.
Las autoridades lo confirman. Malena figura junto a Torio, Llano de Catival y La Yiya en la lista de poblados de Mariato con viviendas totalmente destruidas.

La carretera partida
Lo que separa a estas comunidades de la ayuda es la carretera. El ministro de Obras Públicas, José Luis Andrade, calculó que los daños alcanza los cinco kilómetros de la vía hacia Mariato. Mientras que seis puentes necesitan reparación urgente.
Los camiones pesados no pueden pasar. El Sistema Nacional de Protección Civil (Sinaproc) reportó a los corregimientos de Arenas, El Cacao y Quebro sin acceso por tierra.

Otro testimonio desde la zona recopilados por este medio, advierten sobre depósitos de insumos y equipos de trabajo volcados por el terremoto.
“Gracias a Dios no hubo pérdidas humanas”, dice un lugareño en un video que llegó a la redacción de La Prensa.
Aquí el problema es otro. El agua de la zona baja por gravedad desde la montaña y el terremoto rompió las tuberías. Tampoco hay electricidad. Los alimentos que las familias guardaban en refrigeradores tienen los días contados, y con ellos la última reserva de comida.
El hombre hace su propio diagnóstico. En Arenas y El Cacao, dice, los daños no fueron tan grandes. Malena, Torio y Morrillo, playas vecinas en la misma franja costera, no tuvieron la misma suerte. “Ahí sí se necesita apoyo ahorita de comida, agua”, insiste.
¿Y Mulino? ‘No lo vi’
En Tonosí, el distrito del epicentro del terremoto, la queja es constante. Un comerciante que habló en nombre de los pequeños empresarios del lugar describe un distrito sin agua y sin luz, con familias que no tienen para el desayuno ni el almuerzo, ni agua potable para bañarse. Algo de ayuda privada ha llegado, reconoce. La del Gobierno, no.
El presidente José Raúl Mulino recorrió zonas afectadas tras el sismo. El comerciante dice que escuchó que estuvo por allí. “No lo vi”, agrega, y deja la duda en el aire. Apela a la logística y dice que si Panamá tiene equipos suficientes, el agua embotellada ya debería repartirse en cada corregimiento del distrito.

El Gobierno declaró el pasado sábado el estado de emergencia nacional y habilitó $100 millones para compras sin licitación. Mulino anunció además la entrega de alimentos casa por casa.
En Tonosí, por ahora, esa ayuda todavía es una promesa en algunas zonas.

La ayuda por cuenta propia
Más al oeste, en Mata Pura de Quebro, Jacinto Rodríguez no espera al Estado. Habla en nombre de la Fundación Agua y Tierra, que abrió una campaña de recolección con voluntarios en Ciudad de Panamá y Santiago.
Él, clama por los damnificados en el distrito, pues las ayudas no alcanzan a llegar hasta su área.

El balance oficial de Sinaproc no registra fallecidos y cuenta 27 heridos leves en todo el país. El Ministerio de Educación contabiliza 419 escuelas afectadas, 17 de ellas en Veraguas con pérdida total.
Hasta este domingo 11 de octubre a las 11:00 a.m. se habían reportado 256 réplicas en la zona de Azuero, según el Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá
Pero el conteo de las réplicas no es un tema de conversación en las zonas afectadas. Ellos piden de arroz, agua, café.


