La violencia ha llevado a los países de América Latina en general, y a los de Centroamérica, en particular, a incrementar el número de agencias y agentes privados de seguridad, pero al mismo tiempo a potenciar su armamento de tal forma que este es superior al que portan sus colegas en casi todo el resto del mundo.
La anterior conclusión forma parte del Informe de Armas Ligeras 2011, que fue publicado a comienzos de este mes en Ginebra por el Instituto de Estudios Internacionales y de Desarrollo, y que da cuenta de que la expansión del mercado privado de la seguridad ha llegado a tal punto en las últimas dos décadas, que actualmente suman unos 20 millones los agentes contratados por el sector.
La cifra, según un despacho de EFE, representa casi el doble de los policías activos. En el caso de América Latina, la tasa de posesión de armas por agente es 10 veces superior a la de Europa occidental.
En su informe, el instituto –creado en 2007 y emparentado con el prestigioso Instituto Universitario de Altos Estudios Internacionales de la Universidad de Ginebra, Suiza–, precisa que el crecimiento de la industria de la seguridad privada es tan considerable en Centroamérica, porque esta región “tiene los niveles de violencia más altos del mundo, con unas tasas que multiplican por seis la tasa media mundial”, según Robert Muggah, director de la investigación.
De acuerdo con el experto, en Centroamérica hay la “tradición de potenciar la seguridad privada para sustituir a la policía en la protección de bancos, barrios e individuos...”.
Para Nicolás Florquin, otro de los investigadores, queda pendiente la cuestión del porqué las agencias tienen la cantidad y calidad de armas que exhiben.
A su juicio, quizá sea por “las altas tasas de violencia en la región”, que motivan la alta demanda de compañías y, a la vez, exigen de estas un sofisticado armamento.

