Pasar por una experiencia traumática como un temblor o terremoto de más de 7.5 puntos en la escala de Richter puede ser un suceso importante en nuestras vidas, aunque hayamos salido casi intactos como país. A pesar de que el susto más grande aparentemente ya pasó, debemos tomar ciertas medidas provisorias, algunas a corto y otras a largo plazo.
Desde la perspectiva de salud pública, la Organización Mundial de la Salud (OMS) nos recomienda que nos enfoquemos en los siguientes puntos: prevención de lesiones, control de enfermedades infecciosas, gestión de enfermedades crónicas y apoyo a la salud mental.
Al momento de esta publicación, ya habrán pasado varios días desde el primer temblor fuerte. De igual manera, debemos tener presentes algunas acciones inmediatas que se deben realizar dentro de las primeras 24 a 48 horas, en caso de que vuelva a ocurrir. Entre estas tenemos los primeros auxilios: revisar si las personas cercanas o nosotros hemos sufrido heridas, golpes, fracturas o quemaduras que requieran auxilios esenciales. Si la persona está herida, nos sugieren no moverla, a menos que esté en peligro inmediato, como en un incendio o colapso estructural.
A menos que las autoridades nos indiquen lo contrario, asumimos que el agua puede estar contaminada. Debemos asegurarnos de tener agua limpia embotellada o agua para hervir, que se pueda usar para beber, cocinar, cepillarnos los dientes y, cuando lo amerite, preparar fórmula para bebés. Aunque, en estos momentos de urgencia y siempre, recordemos que la lactancia materna será mejor para el bebé.
Almacenar el agua de manera segura es sumamente importante para evitar brotes de enfermedades transmitidas por vectores, por ejemplo, dengue, malaria y otras, así como enfermedades diarreicas y gastrointestinales serias, incluido el cólera. De la mano están la limpieza del agua estancada y el buen manejo de los desechos para prevenir la proliferación de mosquitos y las enfermedades transmitidas por roedores. Les dejo una sugerencia de mi mamá: mantener siempre agua limpia en botellas de soda o jugo de 2 litros, con sus tapas. Háganlo siempre; puede ser muy útil cuando se va el agua.
De igual manera, como sabemos, mantener la higiene regular, como el lavado de manos con jabón o el uso de desinfectantes, ayuda a prevenir enfermedades e infecciones.
Debemos practicar la seguridad alimentaria, es decir, asegurarnos de no consumir comida que pueda estar dañada, como, por ejemplo, alimentos que hayan permanecido sin refrigeración durante más de 4 horas cuando se va la electricidad. También debemos mantener alimentos no perecederos disponibles, en caso de que las tiendas y los supermercados cierren y no tengamos acceso a comida.
Si se pierde la electricidad, evitemos la quema de combustible o el uso de generadores dentro de la casa o en lugares cerrados sin ventilación.
Continuidad de la atención de enfermedades
Si algo aprendimos durante la pandemia de covid-19, es la importancia de la continuidad de los servicios de salud, en especial, los de atención de enfermedades crónicas. Los pacientes que necesitan tratamiento continuo, como aquellos con cáncer o que reciben hemodiálisis, así como quienes requieren controles por diabetes, hipertensión y asma, necesitan poder acceder a estos servicios. En caso de sismos severos, debemos poder garantizar el acceso a medicamentos.
Cuando sea posible, mantener en casa medicamentos extra para casos de emergencia puede ayudar.
La preparación y respuesta de las autoridades incluye la coordinación con centros de salud, policlínicas, clínicas locales o unidades móviles para garantizar el acceso ininterrumpido a los servicios de salud.
Apoyo a la salud mental
Uno de los aspectos clave en momentos de emergencia, como un sismo, es el manejo de la salud mental. Durante el sismo, entramos en shock psicológico, estrés agudo o ansiedad. La sensación de ansiedad e inutilidad ante una situación que no podemos controlar es inigualable; sin embargo, podemos controlar cómo respondemos. En una entrevista reciente, el director del Sistema Nacional de Protección Civil (Sinaproc) nos decía que mantuviéramos la calma en caso de sismo, y lo hizo durante un temblor. Fue un ejemplo de estoicismo.
No todos contamos con esa preparación y serenidad. De ser posible, debemos buscar apoyo: estar con nuestros seres queridos, acompañarnos de nuestros amigos o buscar ayuda psicológica con un profesional de la salud.
De igual manera, hay que priorizar a los grupos más vulnerables, como niños, embarazadas, adultos mayores y personas con discapacidad, tanto en el momento del sismo como en los días subsecuentes.
El sismo en Panamá nos tomó por sorpresa; simplemente no estamos acostumbrados a este tipo de afectación natural. Es algo nuevo para nosotros. A medida que la tierra cambia, debemos prepararnos para situaciones climáticas, incluidas inundaciones, derrumbes y otras. En áreas geográficas donde son más frecuentes estos tipos de eventos geoclimáticos, se recomienda mantener a mano una bolsa o un recipiente plástico que se pueda manejar fácilmente y que contenga una muda de ropa, pañales, linterna y baterías, botellas de agua, un radio para escuchar los informes en caso de que las líneas de celular o las televisoras no funcionen, medicamentos y comida no perecedera. Revisar la bolsa periódicamente es recomendable.
Nos queda claro que, a pesar de no estar acostumbrados a este tipo de sucesos, los panameños rápidamente nos activamos para apoyar y ayudar a otras personas. Busquemos ayuda en centros de atención, albergues, clínicas u hospitales. En caso de una emergencia de salud evidente, llamemos al 911.
Como suele suceder, ahora todo el que tenga una voz y una manera de comunicarse se convierte en experto en temas de construcción, ingeniería civil, arquitectura estructural y medicina de emergencia. Evitemos compartir información en redes sociales que no sea fidedigna. No sigamos cualquier cuenta de personas que quieran simplemente dar su opinión; evitemos la infodemia. Esto puede complicar aún más las emergencias. Escuchemos las indicaciones de las autoridades y sigamos las redes sociales de instituciones oficiales.
Estamos en buenas manos; el personal de salud manejó el sismo de manera ordenada y evitó complicaciones. A nosotros nos queda estar preparados y mantener la calma.
La autora es doctora en salud pública.

