Reabrir la mina de cobre para cerrarla es la creación semántica más genial del gobierno. ¡Mis respetos! Pero, ¿qué hay de la ley de moratoria? ¿Habrá que tumbarla o le pasarán por encima? Esa ley dice que, “en concordancia con el principio precautorio que implica el deber del Estado de velar por la salud de la población y garantizar que viva en un ambiente sano y libre de contaminación, se declara una moratoria por plazo indefinido al otorgamiento de concesiones para la realización de actividades de exploración, extracción, transporte y beneficio de minerales metálicos en todo el territorio nacional”.
Bueno, el presidente está de suerte, porque tiene los títeres en la Asamblea para derogarla. Basta una comidita en Palacio y eso bastará… para acabar con las carreras políticas de sus nuevos amiguitos. Y si la reabren, ¿cómo explotarán la mina sin contaminar? Abrir más tajos contamina y causará más gastos de saneamiento. ¿Acaso esto no describe un movimiento perpetuo? Es como sacar agua de un hueco y luego usar la misma agua para taparlo.
¿Cuándo cambió el tiempo que tomaría cerrar la mina? ¿Por qué nadie dijo que mantener el cierre tomará décadas? Es que ahora sí conviene decirlo. En las recomendaciones ministeriales hay un cuadro que nos ilustra de cuánto tiempo tomará: Manejo de relaves: “Su vigilancia no admite interrupción y no la admitirá durante décadas”. Cierre de los tajos: “La vigilancia geotécnica es diaria y el cierre físico de un tajo […] es una obra de ingeniería de años…”. Manejo del agua: “Es la obligación que más se prolonga en el tiempo”. Restauración: “La cobertura hay que mantenerla y verificarla durante años…”. Vigilancia tras el cierre: “No termina nunca”.
Dudo que Firts Quantum esté de acuerdo con eso o que se comprometa a cumplir esos tiempos y condiciones o que se quede solo para cerrar su desastre cuando ya no quede ni una onza de cobre. “Décadas” es el término más cercano que define la fecha del cierre definitivo de la mina. Ese informe es un guion capcioso: Cierre en vez de reapertura.
Este es el resumen de lo que recomiendan los ministros… o los subalternos al jefe: Iniciar negociaciones con la minera para: a) Evaluar la viabilidad de un nuevo acuerdo que permita finiquitar los arbitrajes internacionales; b) lograr un cierre ordenado sin costo para la Nación; c) poner los intereses ambientales, sociales y económicos de la Nación como prioridad; d) cumplir el fallo de Corte Suprema.
Y estas, mi lectura de esas recomendaciones:
1.- ¿Cómo, cerrando la mina, se puede lograr que la minera retire sus demandas contra Panamá? En ninguna de las 30 páginas de recomendaciones se dice lo que es obvio entre líneas: Reabrir la mina, no para cerrarla, sino para operarla y pagar las exigencias de Firts Quantum y sus socios. El cierre de la mina vendrá por defecto, cuando no quede una onza de cobre en Donoso. Abrir, explotar y cerrar: Nada puede ser más ordenado ni transparente, como el agua de sus relaves.
2.- Cierre sin costo para el país. Eso significa, ni más ni menos, lo contrario. La Nación sí lo pagará, pues los panameños somos dueños del mineral y Firts Quantum extraerá lo que es nuestro para pagar su desastre. Y recordemos que ellos no compraron una concesión, compraron un pleito: el contrato minero estaba demandado ante la Corte Suprema. Apostaron, se arriesgaron y perdieron ¿Y ahora los panameños tenemos que pagar? ¡Clase de desfachatez!
3.- Si la ley de moratoria minera se aprobó en 2023 para garantizar que los panameños vivan “en un ambiente sano y libre de contaminación”, ¿cómo es que los ministros dicen ahora que reabrir la mina es poner los intereses ambientales y sociales como prioridades? Eso es una contradicción.
4.- La cereza: ¿Cómo se puede cumplir el fallo de la Corte Suprema reabriendo la mina para su explotación? Absurdo. Si la reabren, ese fallo será solo basura. El Ejecutivo se convertirá en el nuevo jefe de la Corte Suprema, pues la última palabra la tendrá el presidente.
Quisiera creerle al Gobierno una vez, pero es burdo. Sus escasas reservas de credibilidad están en caída libre: No hay chen chen, el presidente viaja más que ave migratoria, tiene a su familia nombrada con salarios estratosféricos; gasta millones en trivialidades, como almuerzos de $1,250 el plato o en la Villa Diplomática o aviones militares. Habría sido más honesto anunciar la reapertura de la mina, pese a todo, en lugar de montar esta tragicomedia.


