La historia de la República de Panamá —desde su nacimiento como Estado nacional independiente— está plagada de renuncias a la soberanía nacional o de lo que en derecho internacional se conoce como “unequal treaties”.

La soberanía se entiende como la autodeterminación de los pueblos o el derecho de un Estado nacional a ejercer su jurisdicción en todo su territorio.

Pues bien, ese derecho inalienable del pueblo-nación-República fue malogrado a los 15 días de haber alcanzado la independencia de Colombia el 3 de noviembre de 1903, con la imposición, por parte de los Estados Unidos, del ignominioso Tratado del Canal de Panamá, Hay-Bunau-Varilla.

Así como también con el establecimiento de la libre circulación y el curso legal del dólar estadounidense en Panamá, instituido a través de la Ley 84 de 28 de junio de 1904 y el Decreto N.° 74 de 6 de diciembre de 1904, derivados del Convenio Taft-Morales.

Después, a lo largo del desarrollo de la “República Bananera” o ancien régime de la oligarquía liberal, se suscitaron un sinnúmero de renuncias a la soberanía. Por ejemplo, la creación de la Zona del Canal, el establecimiento de bases militares norteamericanas y hasta la selección de los candidatos presidenciales de los partidos políticos de la oligarquía.

Cuando la mayoría de los panameños pensábamos que, con la firma de los Tratados Torrijos-Carter, de septiembre de 1977, habíamos cristalizado —por fin— nuestra independencia y soberanía nacional, chocamos con la abyecta abdicación de la soberanía, desde los tiempos del gobierno del hijo del general hasta nuestros días, con la concertación de MOU (memorandos de entendimiento) con los gobiernos estadounidenses para la realización de ejercicios militares (Panamax), que no solo violan el Tratado de Neutralidad, sino también la Constitución Política de la República.

Pero “la tapa del coco” se la lleva el actual “dictador” del “gobierno 100% empresarial”, de la plutocracia minera, corrupta, clientelar y antinacional, quien ha cedido la soberanía política, comercial y nacional de Panamá a cambio de su mezquino interés personal de conservar y agrandar su negocio marítimo y mantener su visa americana.

El autor es abogado y analista político.