Desde hace meses he participado en actividades organizadas por la Asociación de Comunidades del Área del Canal (ACAC), orientadas a preservar la antigua estación del ferrocarril en Balboa, cuya destrucción ha sido vaticinada por el ministro del MOP. Observo, con preocupación, comentarios en redes sociales donde nos acusan de oponernos a todo, y he decidido escribir este artículo para pedir a los lectores que me ayuden a replicar este mensaje y corregir ese error de criterio.

Empiezo por aclarar lo que establece el pliego de cargos del proyecto del Cuarto Puente sobre el Canal. En su sección titulada “Requisitos técnicos mínimos obligatorios”, se enumeran edificios de especial protección, entre los que figura la antigua estación del ferrocarril de Balboa como “edificio reservado al futuro museo del ferrocarril”. El documento establece que el contratista no podrá afectar este edificio en ninguna de las fases del proyecto.

Además, uno de sus anexos indica que el proyecto del Cuarto Puente incluirá un área de integración urbana en Balboa que tendrá, como mínimo, cuatro canchas para practicar deportes, pasos peatonales, zonas de esparcimiento y áreas verdes. Este espacio abarcará desde el edificio previsto para el futuro museo del ferrocarril hasta el acceso principal al puerto de Balboa.

Es decir, preservar la estación del ferrocarril de Balboa no solo no entra en conflicto con la construcción del Cuarto Puente, sino que forma parte de la visión del proyecto concebido por el Estado panameño. Tomando en cuenta el pliego de cargos y el contrato del Cuarto Puente, en la ACAC simplemente estamos exigiendo que se cumpla el compromiso adquirido entre las partes.

Algunos preguntarán por qué preservar ese edificio, que ha permanecido abandonado durante tantos años. Aquí me tomo un momento para aclarar que la estación ha sido abandonada por las autoridades encargadas de su custodia, no por quienes defendemos vigilantemente su preservación.

Abro un paréntesis para recordar el estado de abandono en que se encontraba el Casco Antiguo hace unos 30 años. Reflexionemos sobre lo que se habría perdido si esas edificaciones hubieran sido destruidas en nombre del progreso.

La estación de Balboa forma parte de un conjunto monumental arquitectónico que incluye el edificio de la Administración en su cúspide, así como el Prado, con sus espacios verdes de dimensiones similares a las esclusas del Canal.

Rescato las palabras de la historiadora Marixa Lasso: “Ancón se convirtió en el centro de un nuevo poder político”, con diseños que “rendían homenaje a la gloria de la tecnología”.

La antigua estación de Balboa, construida hace más de 100 años, fue ubicada estratégicamente para que la vista del edificio de la Administración —coronada hoy por el cerro Ancón y nuestra bandera ondeante— deslumbrara al pasajero tan pronto descendiera del tren. Por eso es un edificio propicio para instalar un museo que celebre el primer ferrocarril del mundo que conectó dos océanos.

Nuestras autoridades tenían la idea correcta cuando prepararon el pliego de cargos para el Cuarto Puente: incorporar progreso, rescate histórico y urbanismo. Exigir que se cumpla esta visión no representa un estorbo para el progreso, sino un retorno a la dirección correcta, de cara a un futuro que no sacrifique nuestra memoria histórica.

Después de todo, no hay mejor recordatorio de nuestros logros como nación que preservar los vestigios del inmenso enclave que una vez ocupó esa zona, estableciendo una quinta frontera que logramos superar gracias a los esfuerzos de decenas de generaciones que nunca se resignaron ante una cesión a perpetuidad.

Dos observaciones editoriales: cambiaría en el cierre “preservar la inmensidad del imperio” por “preservar los vestigios del inmenso enclave”. La formulación original puede interpretarse como una reivindicación del imperio, cuando la idea que sigue es justamente la recuperación panameña de ese territorio. También revisaría “cuya destrucción ha sido vaticinada por el ministro del MOP”: vaticinada suena como si el ministro hubiera pronosticado una destrucción ajena a su decisión. Si anunció que será demolida, sería mucho más preciso escribir “cuya demolición ha sido anunciada por el ministro de Obras Públicas”.

La autora es escritora.