El terremoto del 9 de octubre dejó un mapa portuario desigual. Balboa y Cristóbal suspendieron operaciones ese viernes para evacuar al personal y retomaron actividades el sábado. El Canal mantuvo el tránsito. Y la Autoridad Marítima de Panamá informó el 12 de octubre que tiene cerrados hasta nuevo aviso Puerto Vidal, Puerto Mutis, Puerto Almirante y las instalaciones de Coclé, Herrera y Los Santos, a la espera de inspecciones estructurales. Desde Chile, donde un terremoto de magnitud 8.8 y un tsunami golpearon los puertos en 2010, hay lecciones que sirven, y la más incómoda es que recuperar un puerto dañado puede tomar años.
Después del 27 de febrero de 2010, San Antonio volvió a recibir y entregar carga el 3 de marzo. Valparaíso estaba cerca del 90% de su operación normal a mediados de marzo, según el informe técnico de la ASCE. Talcahuano, en cambio, perdió su terminal comercial, y el primer buque mercante volvió a atracar allí en abril de 2014, cuatro años después.
Otra lección es mirar bajo el agua. En los puertos chilenos hubo hundimiento del terreno, daños en cimentaciones y rampas de acceso desplazadas. Un muelle que se ve bien desde arriba puede tener pilotes dañados o un calado distinto al de antes. La AMP ya reportó grietas en muelles y en algunos pilotes. Mantener cerradas esas instalaciones hasta inspeccionarlas es prudente, aunque el costo lo sientan los pescadores y el comercio de las provincias.
También importan las personas y los caminos. La AMP explicó el cierre también por la situación de trabajadores cuyas viviendas y familias resultaron afectadas, y hubo instalaciones a las que los inspectores no pudieron llegar por daños en las vías. Un plan de contingencia que solo mira el muelle se queda corto. Hacen falta accesos, energía, comunicaciones y gente en condiciones de trabajar.
Y hay que informar por terminal. Hablar de “puertos cerrados” puede inquietar a navieras y clientes que operan por Balboa o Cristóbal, terminales que retomaron sus operaciones al día siguiente. Un reporte diario por instalación y sitio de atraque, con su estado y sus restricciones, evita decisiones comerciales tomadas a partir de titulares.
Para importadores y exportadores, la lección es documental. Conviene avisar temprano a la aseguradora, fotografiar daños, guardar facturas y revisar coberturas, exclusiones y deducibles antes de que empiece la liquidación. En Chile, la reconstrucción portuaria se financió con seguros, recursos públicos y otras fuentes, y ningún plan debería suponer que la liquidación llegará al ritmo de las obras.
Panamá salió bien parada en lo que más mira el comercio mundial: el Canal no se detuvo y sus grandes terminales volvieron a operar al día siguiente. Los puertos estatales, que sostienen la pesca y el comercio de las provincias, necesitan ahora un plan de reapertura por etapas, con fechas y criterios públicos.
La autora es socia de SICE Chile, agencia de coordinación de comercio exterior con sede en Santiago, y trabaja en comercio exterior desde el año 2000.
