El financiamiento público o subsidio electoral destinado a los partidos políticos y a los candidatos independientes constituye un mecanismo importante para garantizar la participación democrática. Sin embargo, precisamente porque se trata de recursos públicos, su otorgamiento y utilización deben estar sometidos a reglas claras, controles efectivos y criterios estrictos de transparencia.
El Estado no puede limitarse a entregar recursos públicos sin exigir, al mismo tiempo, responsabilidad, rendición de cuentas y cumplimiento de las normas. El dinero del subsidio electoral proviene de los ciudadanos y, por tanto, debe administrarse con el mismo rigor con que se exige a cualquier profesional, comerciante o empresario cumplir con sus obligaciones legales, fiscales y administrativas.
Por ello, considero necesario regular de manera más estricta la forma en que se otorga y mantiene el subsidio electoral, tomando como punto de partida los votos efectivamente emitidos y obtenidos por cada partido político o candidato independiente, pero incorporando también mecanismos de control y sanción cuando existan irregularidades comprobadas.
El subsidio debe responder a la voluntad expresada en las urnas
La democracia debe comenzar por reconocer que el voto ciudadano es la principal fuente de legitimidad de cualquier organización política.
En consecuencia, el financiamiento público debería guardar una relación clara y verificable con la cantidad de votos obtenidos en las elecciones. No se trata solamente de entregar dinero por participar, sino de establecer un sistema en el que los recursos públicos respondan a la verdadera representación alcanzada en las urnas.
Esto permitiría fortalecer la democracia y evitar que el subsidio electoral sea percibido como un beneficio automático o permanente para las organizaciones políticas.
Recursos públicos significan responsabilidad pública
Quien recibe fondos del Estado debe estar obligado a rendir cuentas sobre su utilización. Esta regla debe aplicarse con mayor razón a los partidos políticos, porque desempeñan una función esencial dentro de la democracia.
La transparencia no puede ser únicamente un principio escrito en la ley. Debe traducirse en controles, auditorías, publicación de información, rendición de cuentas y consecuencias concretas cuando se incumplan las obligaciones.
Si un ciudadano que ejerce una profesión liberal, desarrolla una actividad comercial o administra un negocio puede enfrentar multas, recargos, suspensión o pérdida de determinados beneficios cuando incumple sus obligaciones, resulta razonable preguntarse por qué las organizaciones políticas que reciben millones de dólares de recursos públicos no deberían estar sujetas a mecanismos igualmente efectivos de responsabilidad.
Debe existir una sanción económica proporcional
Por estas razones, considero necesario que el Código Electoral establezca expresamente la posibilidad de disminuir, suspender o retener parte del subsidio electoral cuando existan hechos objetivos, verificables y debidamente sustentados que demuestren incumplimientos graves relacionados con el manejo de los recursos públicos o con actos que afecten el patrimonio del Estado.
La sanción debe ser proporcional. No se propone castigar a todo un partido por la responsabilidad individual de una persona. Debe distinguirse entre la conducta personal de un miembro y la eventual responsabilidad institucional de la organización política.
Sin embargo, cuando existan elementos que demuestren una responsabilidad institucional, falta de controles internos, encubrimiento, utilización indebida de fondos o incumplimiento grave de las obligaciones de transparencia, el Estado debe tener la capacidad legal de reducir el financiamiento público.
Una reducción inicial del diez por ciento (10%) podría constituir un punto de partida, que podría aumentar o disminuir de acuerdo con la gravedad de la conducta, el nivel de responsabilidad institucional y las circunstancias concretas de cada caso.
No se puede confundir sanción con persecución política
Una reforma de esta naturaleza debe tener límites claros.
El Tribunal Electoral no debe convertirse en un instrumento de persecución política ni puede sancionar a una organización simplemente porque uno de sus miembros esté siendo investigado.
La regla fundamental debe ser el respeto al debido proceso, al derecho a la defensa y a la presunción de inocencia.
Una investigación no equivale a una condena. Por ello, cualquier disminución, suspensión o retención del subsidio debe sustentarse en criterios objetivos y verificables, así como adoptarse mediante una resolución debidamente motivada.
Cuando exista una sentencia judicial firme que determine responsabilidad penal, entonces debe existir la posibilidad de revisar la medida y, cuando corresponda, aplicar una reducción adicional del financiamiento público.
El dinero público debe tener consecuencias cuando se administra mal
La verdadera transparencia no consiste solamente en publicar cifras. Transparencia significa que el ciudadano pueda saber cuánto dinero recibe un partido, cómo lo utiliza, quién lo administra y qué ocurre cuando se incumplen las reglas.
Por eso, el sistema debe evolucionar desde una lógica de simple entrega de recursos hacia un modelo de financiamiento público condicionado al cumplimiento de obligaciones de transparencia, rendición de cuentas y responsabilidad institucional.
Los partidos políticos son fundamentales para la democracia, pero su importancia no los coloca por encima de la ley. Por el contrario, mientras mayor sea su acceso a recursos públicos, mayor debe ser su obligación de rendir cuentas.
Una reforma necesaria para recuperar la confianza ciudadana
La discusión sobre el subsidio electoral no debe plantearse como una confrontación contra los partidos políticos. Debe entenderse como una defensa del dinero de los ciudadanos.
La política necesita recursos para funcionar, pero esos recursos deben administrarse con responsabilidad. El ciudadano que paga impuestos tiene derecho a exigir que cada dólar destinado al financiamiento político sea utilizado correctamente.
Por ello, una reforma al Código Electoral que establezca con claridad cómo se calcula el subsidio de acuerdo con los votos obtenidos, cuáles son las obligaciones de transparencia y qué sanciones económicas corresponden ante incumplimientos graves contribuiría a fortalecer la institucionalidad democrática.
El mensaje debe ser sencillo: quien recibe recursos públicos debe rendir cuentas; quien incumple debe responder; y quien administra correctamente debe tener garantizado el derecho que le corresponde conforme a la ley.
La democracia no se fortalece entregando más dinero público sin controles. Se fortalece cuando el dinero público se administra con transparencia, cuando existen reglas iguales para todos y cuando las instituciones tienen la capacidad de actuar frente a quienes incumplen.
El subsidio electoral debe ser un instrumento para fortalecer la democracia, no un cheque en blanco.
El autor es abogado.

