Panamá registró el mayor porcentaje de despidos entre los cinco países incluidos en el estudio Salarios y contrataciones 2026, elaborado por la plataforma de empleo Konzerta.

A primera vista, esta cifra podría interpretarse como una señal negativa para el mercado laboral panameño. Sin embargo, cuando analizamos las razones que están detrás de estas decisiones empresariales, encontramos una realidad que merece una discusión mucho más profunda.

De acuerdo con el estudio, el 46% de los encuestados señaló el desempeño insuficiente del personal como una de las razones para realizar despidos. Le siguen la reducción de costos (42%), la situación económica general (19%), otros motivos (17%), el cierre de departamentos o líneas de negocio (8%) y los procesos de fusión o adquisición (4%).

Estos datos nos llevan a una pregunta necesaria: ¿debemos considerar siempre el despido como algo negativo?

La respuesta no necesariamente es sí.

Las empresas contratan trabajadores porque necesitan talento que contribuya al cumplimiento de sus objetivos. Cada contratación representa una inversión en salarios, prestaciones, capacitación, tiempo y recursos. Por ello, mantener indefinidamente una relación laboral que no está produciendo los resultados esperados tampoco puede convertirse en una obligación empresarial.

Esto no significa justificar despidos arbitrarios ni desconocer los derechos de los trabajadores. Todo empleador debe cumplir con la legislación laboral, respetar las garantías correspondientes y asumir las consecuencias económicas y jurídicas de sus decisiones.

Pero también debemos reconocer una realidad: la estabilidad laboral no puede analizarse separada de la productividad y del desempeño.

Cuando casi la mitad de los empleadores consultados identifica el desempeño insuficiente como una razón para despedir, el debate no debería concentrarse únicamente en cuántas personas están siendo desvinculadas. También debemos preguntarnos qué está ocurriendo con la productividad, la capacitación, las competencias profesionales y las expectativas que existen entre trabajadores y empleadores.

Por otro lado, el 42% relacionado con la reducción de costos demuestra que las decisiones de terminación laboral tampoco dependen exclusivamente del trabajador. Una empresa puede contar con buenos colaboradores y, aun así, verse obligada a reducir su estructura para garantizar su sostenibilidad.

Por eso, un despido no convierte automáticamente al empleador en el villano ni hace al trabajador responsable de la situación. Cada terminación tiene circunstancias particulares que deben analizarse objetivamente.

Una empresa sostenible necesita contratar cuando crece, capacitar cuando existen oportunidades de mejora y, cuando resulte necesario, reorganizar su fuerza laboral.

El verdadero desafío para Panamá no debería ser simplemente reducir el número de despidos. Debería ser construir relaciones laborales más productivas, mejorar las competencias de nuestra fuerza laboral y generar condiciones económicas que permitan a las empresas crecer y crear nuevos puestos de trabajo.

Despedir no siempre es malo. Lo incorrecto es despedir arbitrariamente, incumpliendo la ley o desconociendo los derechos del trabajador. Pero exigir productividad, eficiencia y sostenibilidad también forma parte de una relación laboral responsable.

El autor es abogado y especialista en derecho laboral.