Durante los últimos dos años, el debate económico panameño estuvo dominado por una sucesión de preocupaciones: el cierre de la mina, la sequía que afectó al Canal, la debilidad de las finanzas públicas y el riesgo de perder el grado de inversión. El más reciente análisis de UBS Global Wealth Management plantea que Panamá ha entrado en una etapa distinta. La señal es alentadora, pero no debe confundirse con una invitación a la complacencia.
Los datos muestran una economía que recupera impulso. El Índice Mensual de Actividad Económica creció 5.39% durante el primer semestre de 2026. UBS estima que el producto interno bruto podría expandirse alrededor de 5% este año e incluso superar ese nivel. El consumo de los hogares, la recuperación de la construcción, el turismo y las actividades vinculadas al Canal aparecen como los principales motores.
También hay avances en el frente fiscal. El déficit pasó de 6.4% del PIB en el primer trimestre de 2025 a 3.3% en el segundo trimestre de 2026. Esta corrección reduce el riesgo inmediato sobre el grado de inversión y envía una señal de disciplina. Sin embargo, la deuda bruta se ha mantenido entre 65% y 67% del PIB durante los últimos cuatro trimestres. Reducir el déficit es indispensable; estabilizar y luego disminuir la relación deuda-PIB es la verdadera prueba de sostenibilidad.
El Canal vuelve a confirmar su papel como columna vertebral de la economía. Sus peajes alcanzaron 4,802 millones de dólares en los primeros nueve meses del año fiscal 2026, un aumento interanual de 17%. Además, la reorganización de algunas rutas marítimas por tensiones geopolíticas ha favorecido el tránsito. Pero la reducción prevista de tránsitos diarios por factores climáticos recuerda una realidad incómoda: nuestra principal ventaja estratégica también está expuesta a la disponibilidad de agua y a fenómenos que Panamá no controla.
La paradoja más interesante aparece en el sistema bancario. A julio de 2026, los depósitos privados sumaban 121,459 millones de dólares, 7.37% más que un año antes. No falta liquidez; falta convertir una mayor parte de ella en crédito productivo local. Aproximadamente un tercio del crédito y dos tercios de las inversiones del sistema están colocados en el exterior. Esto no constituye necesariamente una debilidad bancaria: refleja decisiones racionales de rentabilidad y riesgo. Pero sí revela una tarea pendiente para el país: generar suficientes proyectos financiables, reglas previsibles y condiciones capaces de atraer ese capital hacia actividades productivas en Panamá.
El desafío, por tanto, no consiste únicamente en crecer, sino en transformar el crecimiento en confianza, empleo formal, inversión y movilidad social. Los buenos indicadores macroeconómicos pierden fuerza política cuando no se reflejan en la vida cotidiana. UBS señala riesgos de gobernabilidad y una marcada caída en la aprobación del Gobierno. Más allá de cualquier lectura partidista, esa desconexión importa: ninguna recuperación será sostenible si una parte importante de la población siente que avanza en las estadísticas, pero no en sus oportunidades.
El giro del ciclo brinda, además, una oportunidad para cambiar la calidad del crecimiento. Panamá necesita diversificar sus fuentes de productividad, impulsar la formación del talento, digitalizar al Estado y reducir los costos que frenan la actividad empresarial. Crecer más es positivo; crecer mejor determinará si el avance puede sostenerse cuando cambien las condiciones externas.
Panamá parece haber dejado atrás la fase más crítica del ajuste. Ahora comienza una etapa quizás más exigente: convertir la recuperación en desarrollo duradero. Para lograrlo, se requiere perseverar en la consolidación fiscal, elevar la eficiencia del gasto público, fortalecer la seguridad jurídica, acelerar proyectos de infraestructura, atender la sostenibilidad hídrica del Canal y crear mejores condiciones para que la liquidez bancaria financie inversión nacional.
El informe de UBS ofrece una buena noticia: Panamá cambió de ciclo. La responsabilidad de los sectores público y privado es asegurar que no se trate solamente de un rebote, sino del inicio de una nueva etapa de crecimiento sostenible e inclusivo. Las cifras abren una ventana de oportunidad. Aprovecharla dependerá de las decisiones que tomemos ahora.
El autor es socio líder de Deloitte Panamá.

