Entre las campañas turísticas que Panamá ha tenido a lo largo de los años, “My Name is Panama” sigue siendo una de las más recordadas. Cuarenta años después, “Panamá, Anfitrión del Mundo” plantea una pregunta distinta. Ya no se trata solamente de decir quiénes somos, sino de preguntarnos qué experiencia estamos preparados para ofrecer cuando el mundo llega a Panamá.
El país siempre ha sabido conectar al mundo. Tocumen y el Hub de las Américas lo han convertido en un punto privilegiado de conexión aérea. Pero un país puede ser muy eficiente haciendo que millones de personas pasen por él sin lograr necesariamente que quieran quedarse.
A principios de este año, José Gabriel Montenegro Porcell, profesional panameño con amplia trayectoria en bienes raíces, estudios de mercado y desarrollo empresarial, y exadministrador de la Autoridad Nacional de Administración de Tierras (ANATI), compartió conmigo dos textos sobre el futuro del país. Una frase, en particular, se me quedó grabada: “From Stopover to Stay Forever”.
La idea va mucho más allá de invitar a extranjeros a establecerse en Panamá. Puede describir un recorrido: convertir al pasajero en tránsito en visitante; una estadía corta, en descubrimiento; una primera visita, en un regreso y, eventualmente, en una relación más duradera a través del trabajo, la inversión, la jubilación o la residencia.
Montenegro plantea también que el atractivo de Panamá no depende de una sola atracción, sino de la concentración de muchas ventajas en un territorio relativamente pequeño: conectividad, dos océanos, ciudad, naturaleza, playas, montañas, cultura y oportunidades económicas. La pregunta, entonces, no es solamente qué nos falta, sino si sabemos conectar mejor lo que ya tenemos y transformarlo en una experiencia integral.
Meses después, durante un Café con La Prensa dedicado al turismo, escuché una discusión que coincidía de manera interesante con esa visión. El tema ya no era solo cuántos pasajeros pasan por Tocumen, sino cómo transformar conectividad en turismo: lograr que quien atraviesa Panamá decida entrar, quedarse y descubrir más del país.
Panamá Stopover es quizá el ejemplo más concreto. Según la Autoridad de Turismo de Panamá, durante el primer semestre de 2026 el programa recibió más de 132 mil visitantes, un 38% más que en igual período de 2025. Impulsado por Copa Airlines, ATP y PROMTUR Panamá, busca precisamente aprovechar la conectividad aérea del país para transformar pasajeros en tránsito en visitantes que permanecen en Panamá.
Es decir, Panamá intenta completar una primera transición: transit → stay. Pero la pregunta realmente interesante es qué ocurre después de quedarse. Si el viajero simplemente pasa de hacer conexión en Tocumen a dormir una o dos noches en Ciudad de Panamá, el cambio sigue siendo limitado.
Tanto las reflexiones de Montenegro como las conversaciones de Café con La Prensa apuntan hacia algo mayor: Boquete, Tierras Altas, las costas del Pacífico, el Caribe colonense y muchas otras regiones ofrecen experiencias naturales, culturales y humanas completamente distintas. Si el primer paso es transit → stay, el siguiente debería ser stay → discovery.
Ahí comienza el verdadero desafío de “Panamá, Anfitrión del Mundo”. Ser un buen anfitrión no termina con la bienvenida. También implica que el visitante pueda orientarse, movilizarse, sentirse seguro, encontrar información confiable y acercarse a la cultura y a la vida del lugar. Una marca país termina poniéndose a prueba menos en la publicidad que en la experiencia cotidiana.
El 16 de septiembre, PROMTUR Panamá llevó esta conversación al Casco Antiguo, en un encuentro organizado por la Comisión del Centro Histórico de la Cámara de Comercio, Industrias y Agricultura de Panamá (CCIAP), que reunió a comerciantes, residentes, empresarios, hoteles, restaurantes, organizaciones comunitarias y representantes del sector turístico. Uno de los temas centrales fue cómo lograr que la nueva marca no sea solo comprendida afuera, sino asumida por los propios panameños.
Ese punto es fundamental: un eslogan puede diseñarse en una campaña; un anfitrión tiene que encarnarlo una persona.
Casco Antiguo no es el centro de la estrategia turística nacional, ni debería serlo. Pero para muchos visitantes, junto con el Canal de Panamá, puede ser uno de los primeros lugares desde los cuales empiezan a entender el país. Funciona, en ese sentido, como una importante carta de presentación. Y, como en una primera entrevista, la impresión inicial importa.
No se trata solo de arquitectura o gastronomía. También cuentan la movilidad, la limpieza, el ruido, la seguridad, el espacio público, la conservación del patrimonio, la información disponible y la convivencia entre residentes, comercios y visitantes. Vistos así, muchos problemas que solemos considerar estrictamente locales dejan de serlo: también forman parte de la experiencia que Panamá ofrece al mundo. Si Casco es una puerta de entrada, su papel debería ser despertar en el visitante el deseo de seguir descubriendo el resto del país.
“From Stopover to Stay Forever” adquiere, además, otro significado en un país que ya atrae a quienes buscan quedarse. Panamá aparece de manera recurrente entre los destinos mejor valorados por expatriados y jubilados y, para muchos extranjeros, una visita inicial termina convirtiéndose en una relación mucho más larga con el país. En ese sentido, Stay Forever deja de ser únicamente una aspiración turística: en cierta medida, ya describe una realidad.
Alguien puede llegar por unos días, regresar por meses, establecer vínculos, invertir, trabajar, jubilarse y, finalmente, llamar a Panamá hogar. Quizás por eso Stay Forever no tenga que significar quedarse para siempre. Puede significar quedarse unos días más, conocer un lugar más, regresar, crear vínculos o desarrollar un sentido de pertenencia.
El éxito de “Panamá, Anfitrión del Mundo” quizá no debería medirse solamente por cuántas personas llegan. También vale la pena preguntarnos cuántas se van de Panamá pensando ya en cuándo volver.
La autora es presidenta de AVACA (Asociación de Vecinos y Amigos del Casco Antiguo), redactora jefa de The Casco Times y residente del Casco Antiguo. Participa en iniciativas de patrimonio, cultura y desarrollo comunitario.

