En 1932, en Nueva Jersey, Estados Unidos, el hijo del famoso aviador Charles Lindbergh fue víctima de uno de los secuestros más publicitados del pasado siglo XX y, debido al incesante cubrimiento mediático que se le dio a la noticia para tratar de dar con el paradero del menor, de apenas unos meses de edad, en muchos países latinoamericanos, incluyendo Panamá, se acuñó la expresión “más perdido que el hijo de Lindbergh” para referirse a alguien desorientado o ajeno a una determinada situación cuando se le cuestiona al respecto.
Hacía buen rato que no encontraba a quien aplicarle en propiedad este dicho, hasta que hace unos días escuché las respuestas a los cuestionamientos que le formularon, en la Comisión de Presupuesto de la Asamblea Nacional, al rector de la Universidad Autónoma de los Pueblos Indígenas (UAPI), el magíster Demetrio Santamaría Montezuma.
Sin ánimo de faltarle al respeto a este funcionario, más allá del irrespeto que él mismo generó en el sentir de nosotros, los panameños, al escuchar sus ambiguas respuestas, por ejemplo, cuando intentó sustentar el presupuesto por 3.1 millones de balboas que, según él, requiere, sin poder precisar siquiera en ese momento cuál era la matrícula actual de la universidad que él mismo dirige, la que, por cierto, resultó ser de apenas 85 estudiantes, para un rector que cobra 8,000 balboas mensuales, en una universidad que no tiene sede propia y que supuestamente opera en las escuelas de Hato Chamí, Peña Blanca y Llano Tugri.
Una de las partidas solicitadas que llamó la atención durante la sustentación del rector fue la de telecomunicaciones, en la que, para 2027, la UAPI requiere $150,000, frente a los $26,000 con que contó en 2026. Otro asunto, en cuanto a lo expuesto por el aludido rector, que resultó curioso, por decir lo menos, fue la solicitud, en concepto de combustible, de una partida de $55,000 para 2027, para una institución que cuenta con un solo vehículo propio.
No obstante, la cereza del pastel la constituyó enterarnos de que, durante el proceso de selección para ocupar dicho cargo, el actual rector Santamaría recibió la calificación más baja. Pese a ello, contó a su favor con una flamante y concluyente recomendación firmada por el exdiputado Ricardo Santos, dirigida a la entonces ministra de Educación, Maruja Gorday de Villalobos, en la que recomendaba a Santamaría para ocupar el cargo de rector.
Al parecer, en lo único que no anda perdido el actual rector de la UAPI es en cobrar su salario, como en su momento igual supo hacerlo su también mentora y gestora de la creación de esta universidad, la exrectora de la Unachi, Etelvina Medianero de Bonagas.
Por cierto, ya que mencionamos a la Unachi, el nuevo rector electo, el magíster Absel Navarro, al ser entrevistado hace poco por un periodista en Chiriquí acerca de cuál sería su primera acción como rector de la Unachi, contestó sin titubear que lo primero que haría sería ir a hablar con el MEF y la Contraloría para pedir plata, ya que están en rojo. Yo, en verdad, pensé —y reconozco que ingenuamente— que, al menos antes de eso, podríamos saber primero, por parte del nuevo rector, cuáles serían los correctivos, en materia de ajuste salarial y/o despidos, que piensa realizar y que puedan constituir la diferencia en su gestión, toda vez que, si de pedir plata para seguir pagando planilla y los mismos altos salarios se trata, dudo que pueda hacerlo mejor que la anterior rectora.
El autor es escritor y pintor.


