Una canción de Bad Bunny escrita desde Puerto Rico y con Hawái como referencia terminó entrando en la campaña presidencial de Brasil. Lo que le pasó a Hawái acompaña un video de 56 segundos de la campaña de Luiz Inácio Lula da Silva para las elecciones del próximo 4 de octubre, en una adaptación al portugués y a la realidad brasileña que lleva a ese escenario buena parte del mensaje original sobre territorio, identidad, recursos naturales y soberanía.
La elección del tema tiene una relación directa con lo que busca transmitir la pieza, pues Lo que le pasó a Hawái habla de la preocupación de Bad Bunny por las transformaciones que vive Puerto Rico y utiliza la experiencia hawaiana como una advertencia sobre lo que puede ocurrir cuando la presión económica, la inversión externa y el encarecimiento de la tierra terminan desplazando a la población y modificando la identidad de un territorio.

En la canción aparecen el río, la playa, el barrio, la bandera y las personas que han tenido que abandonar Puerto Rico, elementos muy sencillos con los que Benito Martínez plantea una preocupación mucho más amplia sobre la posibilidad de que una sociedad pierda progresivamente aquello que siente como propio. Es un mensaje de pertenencia que la campaña de Lula toma y lleva al escenario brasileño.
La adaptación no se limita a traducir la canción: la letra incorpora referencias a los ríos, las playas, el territorio, los recursos naturales e incluso las tierras raras de Brasil, mientras el video recorre la historia y la riqueza natural del país para construir un mensaje sobre la necesidad de que sean los propios brasileños quienes decidan sobre ellos. La pieza también entra directamente en la disputa electoral al cuestionar el acercamiento del senador Flávio Bolsonaro con el presidente estadounidense Donald Trump y termina con una frase de Lula que resume la intención del video: “el único don de Brasil es el pueblo brasileño”.
El uso de la canción adquiere, además, otra dimensión porque medios brasileños e internacionales han informado que la adaptación habría contado con la autorización del equipo de Bad Bunny, aunque hasta ahora no existe una confirmación pública directa del artista o de sus representantes que permita presentar esa autorización como un hecho plenamente establecido. Aun así, la coincidencia entre el contenido de la canción original y el mensaje que intenta transmitir la campaña resulta evidente, sin que ello implique atribuir al cantante un respaldo político a Lula.
La soberanía, además, no aparece en la campaña de Lula a partir de esta canción, pues ya venía ocupando un lugar importante en su discurso electoral, particularmente en torno a la defensa de los recursos naturales, los minerales estratégicos, el petróleo y la capacidad de Brasil de tomar sus propias decisiones frente a intereses externos. La canción no crea, por tanto, ese mensaje político, sino que le proporciona una expresión cultural capaz de llevarlo a otro lenguaje y a otros públicos.
Más allá de las diferencias entre estos países, resulta interesante observar cómo una canción construida desde una realidad tan particular como la puertorriqueña puede encontrar espacio en una elección presidencial brasileña. Puerto Rico, Hawái y Brasil tienen historias y situaciones políticas muy distintas, por lo que sería equivocado presentar sus realidades como equivalentes, pero la campaña encuentra un punto común en la defensa del territorio, los recursos naturales y la capacidad de una sociedad de decidir qué hacer con ellos.
En lugar de explicar la soberanía únicamente desde el lenguaje tradicional de la política exterior, la campaña utiliza una canción conocida para llevar el concepto a cosas mucho más concretas: el agua, los bosques, la tierra, las playas, las comunidades y aquello que forma parte de la identidad de un país.
La utilización de la música de Bad Bunny también permite trasladar ese debate a un terreno cultural y generacional distinto, pues esta tiene una enorme presencia internacional y una conexión particularmente fuerte con públicos jóvenes. De esta manera, una discusión que podría resultar distante cuando se plantea en términos de soberanía nacional, recursos estratégicos o influencia extranjera adquiere otra dimensión cuando se cuenta mediante imágenes, música y referencias que forman parte de la cultura popular.
No es la primera vez que la música se utiliza para construir un mensaje electoral, pero en este caso existe una coincidencia especialmente clara entre el contenido de la canción y la narrativa que la campaña intenta desarrollar: no se trata simplemente de colocar un éxito de Bad Bunny como fondo de un reel, sino de tomar una historia concebida para hablar de Puerto Rico y adaptarla para plantear una preocupación brasileña.
Ese traslado del mensaje al terreno electoral también obliga a mirar la canción desde otra perspectiva, porque cuando Bad Bunny habla de preservar el río, la playa, el barrio o la identidad de su isla, lo hace desde una experiencia puertorriqueña marcada por sus propias circunstancias históricas y económicas**. Cuando** la campaña de Lula lleva esas ideas a Brasil, las coloca dentro de una disputa electoral en la que la soberanía y la relación con Estados Unidos forman parte del debate político.
Lo que le pasó a Hawái termina así recorriendo un camino poco habitual: nació como una reflexión de Bad Bunny sobre Puerto Rico, encontró en Hawái una advertencia y ahora es adaptada por la campaña de Lula para hablar de Brasil. Cambian el país, el idioma y el contexto político, pero permanece una preocupación común por el territorio, los recursos naturales, la identidad y, sobre todo, por quién termina decidiendo sobre ellos.
El autor es periodista e internacionalista.

