Siempre se ha dicho que el único y verdadero control es la honestidad elevada a la integridad del ser humano.

El manejo irregular (por decirlo decentemente) de la única plataforma del sistema de la Dirección General de Ingresos (DGI) es el reflejo de una película repetida muchas veces en las administraciones pasadas, donde ha pasado de todo lo malo y sus responsables no han pagado las consecuencias de sus delitos, por la impunidad que nace al no haberse aplicado el peso de las leyes. (Ver Cápsula Fiscal al final).

La venta de créditos fiscales falsos, creados internamente por cierto personal de la DGI mediante una red con exfuncionarios y otros particulares, y las millonarias ganancias obtenidas por los miembros de esa red, han sacudido las entrañas de la administración tributaria. Cabe pensar que su inicio se debió a la oportunidad que ofreció el sistema y a la deshonestidad de esos funcionarios, hoy confesos y privados de libertad.

Conviene advertir que no se debe generalizar (un mal muy panameño), pues la gran mayoría son funcionarios honestos.

Ahora queda pendiente analizar la buena fe de los compradores, que sin duda debieron ser más celosos ante el monto millonario de los créditos fiscales comprados y hasta negociados posteriormente, según las noticias.

Además, queda analizar la condición legal de realizar una actividad no contemplada en el Aviso de Operación de los vendedores de segunda mano. También quedan pendientes las consecuencias legales y tributarias, y quién pagará los platos rotos.

CÁPSULA FISCAL - Algunos de los casos más notorios y que siguen pendientes son:

1- Los sobornos y la deuda pendiente de Odebrecht.

2- Los muertos que cobran en el silencio del más allá.

3- Las vigas de acero que caminaron.4- Etc.

Por eso insisto en que los delitos contra el Estado no deben prescribir, pues afectan la salud, la educación, la alimentación y la seguridad.

El autor es asesor tributario.