Las reformas electorales para 2029 no son solo un tema técnico. Se trata de la calidad de vida de los ciudadanos, de escoger quiénes van a resolverles los problemas o a crearles más. Se trata de por quién y en qué condiciones vamos a votar los panameños, y de qué tan fácil o difícil será para cualquiera postularse a un cargo de elección popular.

El miércoles inició en la Asamblea Nacional la discusión de este proyecto que reforma el Código Electoral.

Durante meses, una mesa de trabajo con partidos, independientes, sociedad civil y universidades aprobó una propuesta en la Comisión Nacional de Reformas Electorales. El Tribunal Electoral la revisó, le hizo cambios y la entregó a la Asamblea el 31 de agosto de 2026.

El documento tiene cosas buenas. Se frenaron dos intentos que buscaban complicarle la vida a la libre postulación: uno que borraba de un plumazo del padrón de un partido a quien firmara por un independiente y otro que les prohibía competir en listas en los circuitos plurinominales.

Al final se respetó la lógica básica. Dar una firma de apoyo para que alguien aparezca en la papeleta no significa darle el voto; el voto se decide después, en las urnas.

Sin embargo, no todo fue justo. Esa mesa ha estado inclinada a favor de los partidos tradicionales. Por eso llama la atención lo que pasa hoy. El Tribunal Electoral propone eliminarla para crear un Foro Ciudadano más abierto, y desde la Comisión de Gobierno han dicho que prefieren mantenerla como está.

El otro gran problema es el aumento de firmas. Suben la vara del 2% al 3%, tanto para constituir un partido nuevo como para los candidatos de libre postulación, a quienes incluso acortan el tiempo. El Tribunal Electoral había planteado inicialmente un 5% para ambos casos, así que lo que llegó a la Asamblea ya es una versión moderada. Aun así, representa un 50% más que antes: solo para formar un partido nuevo, se pasaría de necesitar 45,504 firmas a 68,255, tomando como referencia las elecciones de 2024.

Exigir respaldo ciudadano está bien, pero levantar trabas para que nadie más entre al terreno es otra cosa muy distinta.

Llama la atención que sean partidos que hoy sobreviven con apenas 20 mil o 25 mil inscritos quienes decidan que hace falta más de 68 mil firmas para siquiera fundar un partido nuevo. Si la representatividad de verdad importa, que a ellos también se les mida con la misma vara para no desaparecer.

Hablo de esto con conocimiento de causa. Llegué a la Asamblea por la libre postulación y hoy formo parte de Vamos, que por decisión del 97% de sus miembros decidió convertirse en partido político. Pero cambiar de lugar no trastoca los principios: la competencia debe ser justa para todos, sin importar de qué lado del tablero nos toque estar, hoy o cuando ya no ocupemos una curul.

Las reglas del juego no son de los políticos que hoy estamos en la cancha, ni de quienes decidan quién puede jugar y quién no. Son de todos los panameños.

La autora es diputada del circuito 9-1 para el período 2024-2029.