Los humanos tenemos una interacción compleja con la vida silvestre: muchos animales nos perciben como superdepredadores. ¡Les imponemos miedo! Sin embargo, a pesar del costo, algunas especies se resguardan con nuestra presencia para evitar a sus enemigos naturales. Al mismo tiempo, muchos humanos visitamos bosques protegidos en busca de recreación y bienestar físico y mental. Por ende, en el manejo de muchos bosques es común asignar áreas para visitas y limitar el acceso a otras, así como establecer un máximo de personas que pueden ingresar en un día. Ante este modelo de manejo, cabe la pregunta: ¿es sostenible en el tiempo? ¿Estamos alterando el comportamiento de las especies y, con ello, sus servicios ecosistémicos?

Un experimento natural inesperado: La cuarentena causada por la covid-19 en 2020 nos permitió responder estas preguntas, porque la actividad humana en los bosques de isla Barro Colorado, en el lago Gatún, se redujo en un 90%. ¡Una reducción drástica! Usamos cámaras trampa para estudiar la reacción de los mamíferos a nuestra ausencia, comparando datos obtenidos durante los meses de cuarentena de 2020 con registros de los mismos meses del año anterior, cuando había presencia humana habitual.

Resultados inesperados: Para nuestra sorpresa, los niveles generales de actividad de los mamíferos en isla Barro Colorado no cambiaron. Animales como el ñeque, el saíno, el venado corzo, el gato solo y el manigordo mantuvieron sus rutinas diarias de forma similar a cuando los humanos (científicos) estaban presentes. Prevalecieron los horarios de actividad y el tiempo dedicado a buscar alimento. Sin embargo, notamos que especies como el saíno y el gato solo mostraron mayor vigilancia y se movían en grupos más compactos.

Mensaje positivo: Con base en datos sobre mamíferos, nuestros hallazgos respaldan el manejo de áreas protegidas que cuenten con zonas restringidas a los visitantes y establezcan una capacidad de carga. Los mamíferos que viven en un bosque protegido toleran bien nuestra presencia pasiva. Siempre que nuestras actividades sean pacíficas y no extractivas, es posible compartir el bosque con la vida silvestre sin alterar su equilibrio. ¡Porque las maneras sí importan!

Los resultados de esta investigación fueron publicados en la revista científica Scientific Reports en junio de este año.

El autor es investigador postdoctoral del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales e integrante de Ciencia en Panamá.