El terremoto del 9 de octubre nos recuerda que una emergencia puede presentarse sin previo aviso y que la preparación es fundamental para proteger vidas. Esta experiencia debe llevarnos a reflexionar sobre la seguridad de nuestras edificaciones, especialmente de aquellas de baja, mediana y gran altura.

Quiero aprovechar esta oportunidad para hacer un llamado a los residentes, administradores y juntas directivas: los sistemas de protección y los equipos electromecánicos esenciales de un edificio deben mantenerse en condiciones de operación las 24 horas del día, los 365 días del año. Para lograrlo, se requieren inspecciones, pruebas y mantenimiento periódico, realizados por profesionales y empresas idóneas.

Aunque un terremoto y un incendio son emergencias distintas, ambos ponen a prueba nuestra preparación, el estado de las instalaciones y la capacidad de respuesta de quienes ocupan el edificio.

Me preocupa que muchos residentes desconozcan los protocolos de actuación ante un incendio. En los edificios de gran altura, el alcance de los equipos exteriores de los bomberos tiene limitaciones; por ello, la intervención depende en buena medida del acceso seguro y del funcionamiento de los sistemas de protección instalados dentro de la edificación. Una falla en estos sistemas puede dificultar el control del incendio y poner en peligro tanto a los ocupantes como al personal de respuesta.

Por esta razón, los administradores y presidentes de las juntas directivas deben verificar que las inspecciones, pruebas, mantenimientos y certificaciones correspondientes estén al día. También deben informar a los residentes, mediante un mural o un medio accesible, sobre el estado de estos sistemas, las fechas de revisión y las medidas adoptadas para corregir las deficiencias encontradas.

Entre los sistemas e instalaciones que requieren atención se encuentran:

  • Los sistemas de detección y alarma contra incendios.

  • Los rociadores, las conexiones y las mangueras contra incendios, y las bombas que abastecen estos sistemas.

  • Los extintores portátiles.

  • La iluminación y la señalización de emergencia.

  • Las rutas de evacuación y las escaleras de emergencia.

  • Los sistemas de presurización de escaleras, donde correspondan.

  • Las puertas cortafuego y sus mecanismos de cierre.

  • Los ascensores y sus funciones de emergencia.

  • El generador de emergencia y su sistema de transferencia.

  • Las bombas de agua potable y sus instalaciones eléctricas.

No basta con que estos equipos estén instalados. Es indispensable comprobar que funcionen, que reciban el mantenimiento requerido y que puedan cumplir su propósito cuando ocurra una emergencia.

Asimismo, los residentes deben conocer el plan de emergencia del edificio, las rutas de evacuación y los procedimientos establecidos para cada situación. La capacitación y los simulacros deben contemplar también la asistencia a personas con movilidad reducida.

Hay otro aspecto técnico que merece especial atención: la capacidad interruptiva de los interruptores instalados en los tableros eléctricos. Esta debe ser adecuada para la corriente de cortocircuito disponible en el punto donde se encuentra cada equipo, conforme al estudio correspondiente y a las condiciones de la instalación.

Para explicarlo de manera sencilla, así como los elementos estructurales de un edificio deben resistir los esfuerzos para los cuales fueron diseñados, los interruptores deben poder interrumpir con seguridad las corrientes de falla que puedan presentarse. Si la corriente de cortocircuito supera su capacidad interruptiva, el equipo puede fallar violentamente y producir un arco eléctrico, daños graves o un incendio.

Por ello, la selección de un interruptor no debe basarse únicamente en su amperaje o en su precio. Su capacidad interruptiva también es una condición esencial para la seguridad de la instalación.

No pretendo convertir este artículo en una clase de ingeniería eléctrica. Mi propósito es llamar la atención sobre responsabilidades que no pueden postergarse y promover medidas preventivas antes de que una emergencia revele nuestras deficiencias.

La seguridad de un edificio requiere mantenimiento, comprobación técnica, organización y residentes informados. Espero que estas reflexiones contribuyan a proteger la vida de nuestros compatriotas y a fortalecer una cultura de prevención en Panamá.

El autor es ingeniero electricista. Teniente coronel del BCBRP.