Las comunidades pesqueras artesanales han sido parte de la historia y la identidad de Panamá durante generaciones. La pesca artesanal sigue siendo una de las pocas actividades productivas que depende directamente de lo que ofrece la naturaleza, a diferencia de la agricultura o la ganadería, donde las especies aprovechadas han sido domesticadas como fuente de alimento.

Aunque suele desarrollarse a pequeña escala y con niveles de extracción moderados en comparación con otras actividades pesqueras, esto no significa que esté exenta de desafíos ni de impactos, pero sí que su sostenibilidad está estrechamente ligada a la salud de los recursos marinos. Para quienes viven de la pesca, la conservación puede parecer un concepto distante. Sin embargo, constituye una condición indispensable para que la actividad pueda mantenerse en el tiempo y seguir beneficiando a las generaciones futuras.

En las costas panameñas del Pacífico y del Caribe, miles de familias dependen directa o indirectamente de la pesca artesanal para su alimentación, sus ingresos y su bienestar. Aunque a menudo pasa desapercibida en las estadísticas nacionales, estas comunidades desempeñan un papel fundamental en la conservación de los ecosistemas marinos y costeros de los que depende su propio futuro.

Las comunidades que dependen de la pesca artesanal para sobrevivir enfrentan hoy una combinación creciente de amenazas. La sobrepesca, la contaminación y los efectos del cambio climático están reduciendo la disponibilidad de recursos y aumentando la incertidumbre sobre el futuro.

La pesca artesanal no es solo un medio de vida; también forma parte del vínculo histórico que las comunidades han mantenido con el mar. A pesar de los retos que enfrentan, estas comunidades siguen siendo protagonistas de la sostenibilidad pesquera. Su conocimiento tradicional, transmitido de generación en generación, hoy se combina con iniciativas de economía azul que buscan nuevas formas de equilibrio. Por ello, hay razones para el optimismo.

La Autoridad de los Recursos Acuáticos de Panamá (ARAP) ha impulsado zonas de comanejo pesquero, donde las comunidades participan directamente en la gestión de los recursos como parte de un modelo que busca protegerlos y asegurar la continuidad de la actividad. A la vez, organizaciones como la Federación de Pescadores Artesanales del Área de Influencia del Parque Nacional Coiba (FEPACOIBA) promueven buenas prácticas pesqueras, fortaleciendo la gobernanza comunitaria y la conservación de los ecosistemas marino-costeros.

Sin embargo, los retos persisten. Muchas comunidades enfrentan una organización interna débil, acceso limitado a mercados, poca información confiable sobre capturas y comercio, y dificultades para obtener créditos o programas de apoyo. Un estudio reciente de la Fundación MarViva y el CLACDS de INCAE Business School, basado en indicadores de progreso social (IPS azul), encontró que la organización de los pescadores en asociaciones puede generar beneficios en ámbitos sociales, económicos y ambientales. Entre las principales conclusiones destacan:

  • -Los pescadores asociados perciben mayores beneficios económicos derivados de la conservación marina, lo que refleja una visión más integrada entre protección del ecosistema y bienestar familiar.

  • -Los pescadores asociados dependen en mayor medida de los recursos marinos y costeros para generar ingresos, lo que puede favorecer su organización colectiva.

  • -Los miembros de asociaciones adoptan con mayor frecuencia prácticas sostenibles y gestionan mejor los residuos de su actividad pesquera.

  • -Los pescadores asociados valoran más el cumplimiento de vedas y tallas mínimas de captura y muestran mayor disposición a adaptar sus prácticas para proteger los recursos marino-costeros.

  • -Los pescadores asociados muestran mayor preocupación por los efectos del cambio climático y un mejor conocimiento sobre cómo actuar ante emergencias y desastres costeros.

  • -Los miembros de asociaciones reconocen con mayor claridad la relación entre la salud de los ecosistemas marinos y el bienestar de sus comunidades.

El futuro de la pesca artesanal en Panamá depende de decisiones colectivas. Reconocer y fortalecer su papel no es solo un tema económico, es un compromiso que sostiene a estas comunidades y contribuye a la conservación de los ecosistemas marinos. Impulsar políticas públicas que fortalezcan la organización comunitaria, promuevan el acceso a mercados justos y garanticen la participación equitativa de mujeres y hombres en la actividad pesquera resulta fundamental.

La sostenibilidad no debe seguir viéndose como un ideal lejano, sino como una vía para asegurar la continuidad de los recursos marinos y la dignidad de quienes dependen de ellos. Las comunidades pesqueras artesanales, especialmente cuando están formalmente organizadas, son guardianas de los mares panameños y aliadas estratégicas para su conservación. Fortalecerlas es contribuir a la sostenibilidad de las pesquerías, la seguridad alimentaria de las comunidades costeras y la protección de los ecosistemas marinos de los que depende nuestro futuro.

La autora es coordinadora comunitaria de MarViva, oficina de Panamá.