Como admirador confeso de Mario Moreno, reconozco el impecable histrionismo de la alta esfera de la administración pública nacional: yo cantinflo, tú cantinflas, él cantinflea, nosotros cantinfleamos y los tres minestrones del Gabinete cantinflean, en una movida al unísono de los Levi Strauss. Aventajados fans de la cinematografía clásica mexicana, elevan la gran paradoja al rango de documento oficial de Estado.
El informe sobre el desastre de Donoso es presentado con la etiqueta de definitivo, aunque la lectura atenta de sus propias salvedades advierte que nada en él resulta irrevocable, permanente ni cierto. En el mundillo político, irrevocable no es. La escenografía exigía y exige la máxima gravedad institucional. Ante los reflectores y los micrófonos, comparece la terna ministerial portando el grueso expediente técnico bajo el brazo. En la cabecera de la mesa, el presidente permanece adusto, de piedra, inaccesible a la sombra de una leve mueca. Ninguno de los tres logra arrancar ni siquiera una ínfima sonrisa presidencial. El mandatario los contempla en absoluto silencio, acaso pensando para sus adentros: «Sí, Paco».
Chapman se acomoda la montura de las gafas que no usa y, lanzando una larga pausa con mirada de fija complicidad hacia los lentes de las cámaras, ofrece el encuadre fiscal del asunto:
—Ahí está el detalle —expresa, de forma estricta, suspendiendo la voz un instante antes de hojear el primer anexo financiero del documento.
Moltó da un paso firme al frente, hacia el podio principal. Pausado, se ajusta la pretina del Levi a ambos lados del cinto, carraspea con sobriedad protocolaria para disimular un leve amago de eructo y fija la vista en todos los periodistas presentes en la sala:
—Aquí me tienen delante de ustedes —sentencia, con tono tajante, sosteniendo la respiración antes de ceder la palabra a su colega de Gabinete.
El momento culminante de la pedagogía gubernamental le corresponde a Navarro. Tiempo atrás, el hoy jefe de la cartera ambiental inmortalizó una sentencia categórica al calificar la extracción minera a cielo abierto como un “cáncer” devastador e imperdonable. 101% razonable. Durante la comparecencia, sin embargo, detalla la técnica de la quimioterapia por continuidad. Según la exégesis de su informe, para sanar al paciente no procede remover la patología, sino autosuministrarle dosis diarias del mineral bajo cuidadosa supervisión estatal. Como si se tratase de un suero antiofídico. La conservación ambiental consiste, según Navarro 2, en acelerar la extracción del cobre para evitar que la naturaleza se autocontamine.
De esa lógica surge la denominada «fase de preservación y gestión segura». Donoso, en el texto, adopta una extraña propiedad lingüística: Te vi o no te vi. El protocolo estipula que la única vía técnica para cumplir el mandato constitucional de cierre es proceder con la reapertura inmediata. El recorrido está trazado: cerrar para evaluar, evaluar para reabrir y reabrir para planificar el cierre gradual. Si el contrato fue anulado por inconstitucional, la vía jurídica aconseja celebrar otro contrato con el objetivo exclusivo de suspenderlo, en tanto se evalúa el costo de no evaluar nada en absoluto.
Los minestrones intercambiaron miradas breves antes de recoger todos sus chécheres y los tomos técnicos. Se acomodan de nuevo los respectivos Levi al ponerse de pie, en perfecta sincronía física, conservando la rigidez del semblante. No están a favor ni en contra, sino todo lo contrario. La realidad emula a la ficción con una precisión milimétrica, mientras el informe reposa en el archivo oficial de la nación, demostrando que la forma es el fondo y el fondo —simplorio y simplón— es el detalle.
El autor es periodista y filólogo.
