Aunque materiales de menor costo han reducido el uso de la madera en viviendas y edificaciones comerciales, los acontecimientos recientes invitan a reconsiderarla para limitar posibles pérdidas humanas y materiales. Panamá debe atender su vulnerabilidad sísmica, dada la presencia de varias fallas geológicas en su entorno.

La madera, uno de los materiales estructurales más antiguos y eficaces, se ha convertido en una opción moderna gracias a la ingeniería forestal y al desarrollo tecnológico. Es sostenible, liviana y ofrece gran resistencia mecánica en proporción a su peso. Además, absorbe y disipa la energía sísmica, cualidad que favorece su empleo en edificaciones sismorresistentes. Se ha observado que, tras el reciente terremoto, las casas de madera resistieron las ondas sísmicas sin derrumbarse; por ello, actualmente se utilizan como alojamiento temporal para las personas afectadas.

Su utilización estructural aporta ventajas técnicas, económicas y ambientales. El buen comportamiento frente a los sismos, las propiedades aislantes y la sostenibilidad hacen de la madera una opción competitiva frente al acero y el concreto.

La durabilidad y la calidad de la madera de construcción dependen de condiciones específicas. Controlar la humedad evita deformaciones y grietas después de la instalación. También es necesario protegerla contra termitas y hongos, sobre todo si estará en exteriores, en contacto con el suelo o en ambientes húmedos. La ciudad de Panamá ofrece ejemplos notables: en las áreas revertidas aún se conservan en buen estado infraestructuras de madera tratada con más de cien años de antigüedad.

Retomar el uso de la madera ayudaría a preparar al país para que sea más resiliente ante futuros sismos capaces de causar graves efectos humanos y socioeconómicos. Para lograrlo, conviene fomentar la restauración forestal productiva en suelos degradados de todo el territorio. Además de crear empleos en comunidades rurales e indígenas, las plantaciones de especies nativas y exóticas contribuirían a mitigar el cambio climático. La madera es, asimismo, uno de los pocos materiales estructurales renovables. Mientras crecen, los árboles capturan CO₂, y ese carbono permanece almacenado en la edificación durante toda su vida útil.

Las cabañas de madera destinadas al ecoturismo representan igualmente una solución compatible con el ambiente. El carácter natural y el valor estético de este material pueden aumentar su atractivo para los visitantes.

Panamá reúne condiciones propicias para incorporar la madera a la construcción y mejorar su capacidad de respuesta ante los sismos: suelos de aptitud forestal, experiencia en reforestación y personal técnico calificado. Por otra parte, la Ley 69 de 2017 sobre incentivos forestales, si se implementa con prontitud, podría estimular la producción maderera y crear los empleos que necesitan las áreas rurales e indígenas.

También merece atención otro material natural para la construcción: el bambú. Conocido como «acero vegetal», combina una sobresaliente relación entre resistencia y peso con una rápida renovación biológica, por lo que constituye una alternativa ecológica relevante frente al acero y el concreto.

Por su flexibilidad, ligereza y capacidad para disipar la energía de un terremoto, el bambú destaca entre los materiales sismorresistentes. A diferencia de las estructuras rígidas y pesadas de concreto o mampostería, que reciben directamente la fuerza sísmica y pueden colapsar, el bambú se flexiona y acompaña el movimiento sin quebrarse.

¡Aprovechemos las cualidades de la madera y el bambú para construir viviendas más resilientes frente a los terremotos!

El autor es ingeniero forestal.