Xavier Ferràs, profesor de ESADE, lo dice sin adornos: el cementerio de la historia está lleno de empresas excelentes que siguieron razonando dentro de un sistema que ya estaba muerto. La inteligencia artificial es hoy la ola que pone a prueba ese razonamiento. Panamá, que acaba de aprobar su Estrategia Nacional de IA, decidió de qué lado quedar: la visión y la estrategia existen; falta poner a prueba la capacidad de convocatoria y la velocidad de ejecución.

La lente de la destrucción creativa

El Nobel de Economía 2025 premió a Joel Mokyr, Philippe Aghion y Peter Howitt por explicar el crecimiento mediante la destrucción creativa: cada innovación crea ganadores y perdedores y desplaza a quienes vivían de la anterior. Aghion, en Barcelona en junio, se declaró cautamente optimista sobre la IA: puede impulsar la productividad y el empleo, pero la destrucción de puestos puede llegar antes que la creación. La destrucción llega sola; la creación hay que construirla.

De dónde partimos

Según la CAF, el producto por trabajador (productividad) de América Latina equivalía en 2023 al 27% del de Estados Unidos; en 1990 era el 36%. La región no converge: se aleja. La inversión en investigación y desarrollo ronda el 0,56% del PIB regional, frente al 3,6% en Estados Unidos; en Panamá, cerca del 0,16%.

A comienzos de 2026, el 27,5% de las personas de 15 a 64 años usaba IA generativa en el Norte Global (países desarrollados), frente al 15,4% en el Sur Global (países emergentes), según Microsoft. En las empresas ocurre algo parecido: en la encuesta de McKinsey de este año, el 40% de las grandes organizaciones del mundo (con ingresos de más de USD 1.000 millones) reporta que está escalando agentes de IA, frente al 22 % de las pequeñas. Y aunque el 80% de los encuestados dice ser más productivo, solo el 37% de las empresas reporta algún impacto de la IA en sus utilidades operativas y el 6% reporta un impacto significativo. Son datos de encuestas, pero la lección es clara: usar IA no basta; hay que rediseñar procesos y capacitar al talento.

En Iberoamérica, según NTT DATA y CIONET, el 59% de las grandes empresas sigue en fase de prueba o piloto, el 16% está rediseñando procesos con IA y solo el 3,8% ha escalado agentes de IA, no por falta de acceso, sino por barreras organizacionales y resistencia al cambio.

Lo que Panamá tiene y lo que le falta

El 12 de agosto, el Gabinete aprobó la Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial 2036: seis pilares, 53 acciones y la aspiración de convertir a Panamá en el “Hub Confiable de Innovación en IA de América Latina”, un Canal Digital. Es una apuesta retadora, bien enfocada: descarta entrenar grandes modelos y se enfoca en cómputo estratégico, logística, agricultura tropical, salud y biotecnología, educación, finanzas y sector público.

Pero las restricciones están en la propia presentación: se espera apalancar en los 17 centros de datos y telecomunicaciones privados que hay en el país, aún sin infraestructura de supercomputadoras; no incluye Data Science ni tecnología Blockchain/DLT para la trazabilidad y la confianza en las cadenas de suministro; persisten restricciones presupuestarias y está pendiente la alfabetización digital. Además, un mercado de menos de 4,5 millones de personas no da, por sí solo, la escala que un hub necesita. Un Canal Digital, como el físico, necesita volumen de clientes y talento. Centroamérica y República Dominicana pueden darle esa escala; Panamá puede darles la conectividad que ninguno tiene por sí solo.

El McKinsey Global Institute estima que la IA y la automatización podrían generar en Panamá hasta USD 4.200 millones anuales hacia 2030. Pero advierte que el valor solo se captura si las organizaciones rediseñan sus flujos de trabajo y se capacita al talento, pues no basta con poner software sobre procesos antiguos; se requiere una formación masiva e inclusiva para acelerar los procesos.

Qué hacer

El Banco Mundial se alinea con el principio fundamental de que la conectividad y la infraestructura física no son suficientes para el éxito de un hub tecnológico: hace falta desarrollar confianza institucional, buena gobernanza de datos y capacidad de adopción en la economía. Recomienda cinco pilares:

• Mecanismos de gobernanza de datos y un marco ético con interoperabilidad transfronteriza que ofrezca reglas claras, certeza jurídica y protección de datos, trazabilidad, mecanismos de auditoría algorítmica y ciberseguridad.

• Infraestructura digital para garantizar el procesamiento en tiempo real a gran escala y con integración de energía renovable dedicada, para no presionar la matriz energética vigente.

• Desarrollo de capital humano a gran escala, con programas de reconversión laboral y de atracción de talento internacional. La implementación efectiva de las 10.000 becas anunciadas con Google, el BID y la UTP es un buen comienzo. Proteger a las personas, no los empleos, mejorando sus capacidades mediante reskilling y upskilling, es una prioridad para que la destrucción no llegue antes que la creación.

• Integración con todos los sectores económicos, públicos y privados, incluidas las mipymes, con programas especiales de financiamiento. Aghion insiste, además, en la competencia: bajar barreras de entrada y evitar que los ya instalados bloqueen a los nuevos. Romper la resistencia natural a transformarse, con una dosis de humildad organizacional, aceleraría su avance y contribuiría a no dejar a nadie atrás.

• Integración al SICA y a la Comunidad Andina para promover encadenamientos regionales y al centro de operaciones logístico integral, aprovechando la infraestructura del Canal y la portuaria, para desplegar proyectos de trazabilidad y optimización de cadenas de suministro y aduanas inteligentes.

En fin, será necesario avanzar, idealmente acompañados, siguiendo iniciativas como las sugeridas en febrero pasado en Panamá, con el BID, en la 39.ª Cumbre de Gobernadores de Centroamérica y República Dominicana, para acelerar la implementación de una estrategia conjunta que reduzca la brecha entre adopción tecnológica y mano de obra calificada y eleve la productividad y la integración digital.

Asimismo, será necesaria la incorporación de algún mecanismo para medir y rendir cuentas. Una instancia público-privada, como la que sugerí recientemente para el desarrollo de un Plan País, con un interlocutor denominado CADES-Panamá (Comisión Asesora para el Desarrollo Económico y Social), podría coordinar iniciativas conjuntas, contribuir con la formación y la medición y publicar de forma independiente, cada año, un tablero de avance de objetivos y resultados. La estrategia debe medirse por el valor capturado, no por los anuncios.

Antes de que sea tarde

La IA no debe ser una amenaza que se esquiva ni una promesa que se espera: es un proceso que se gestiona con conectividad, talento e instituciones, y con una Estrategia Nacional de IA como la definida. Panamá tiene la posición, la ambición y el récord de haber implementado iniciativas exitosas de servicios globales. Le falta lo que nunca tuvo por sí sola: escala, nuevas capacidades y mayor apertura. Las construirá con sus vecinos o no las tendrá. Los visionarios del pasado tienen aún mucho que aportar, y la juventud, ávida de prosperar, solo espera la oportunidad.

El autor es economista con maestría en Blockchain & Fintech.