El pragmatismo es la gravedad que mueve los cuerpos. El electorado no busca santos ni santitos, sino ejecutores o, al menos, envases donde depositar sus frustraciones sin sentir que tira el voto a la basura. Y chenchén, de promesa, aunque el maná nunca se precipite. Entender el tablero rumbo a 2029 exige analizar acomodos y reacomodos de cuatro líderes que han construido a pulso —hasta por tres décadas— sus candidaturas sobre el cálculo puro y la necesidad de supervivencia.
El primer escenario surge si la política discurre sin la presencia directa de un mesías populista en la papeleta. En este mapa, las alternativas no compiten en una liga. VAMOS se consolida como un auténtico cohete, propulsado por la frescura de su base y por una llave transversal e incontestable: el arrastre sociocultural de Blades y la solvencia táctica de Juan Diego, quienes apuestan por la bandera de la ética y la integridad institucional… hasta nuevo aviso. Ricardo Lombana, fundador de MOCA, abandona ese discurso original para convertirse de forma directa en el administrador fiduciario del martinellismo y asumir la vicaría que ya probó, con éxito, en 2024, José Raúl Mulino. Tras el giro pragmático de Lombana, el votante ético urbano que lo colocó en el segundo lugar en la campaña anterior no lo perdona y migra de forma natural y monolítica hacia el Vamos de Diego/Silva/Blades. Completa este mapa Martín, con UNE, atascado en un centro tibio que evoca el fenómeno colombiano (Fajardo): a pesar de haber encabezado una gestión técnicamente ordenada, no logra despegar porque el electorado polarizado está rechazando la moderación. Señal de los tiempos. Fui acusado de demócrata por compartir material del NYT. Soy demócrata, admirador de la probidad y liberal por mis ancestros. De los demócratas de Gringolandia, espero entender algún día.
El segundo escenario en nuestra patria se activa por la vía judicial, aunque no sé si constitucional. La condena que pesa sobre Martinelli, de RM/CD, es de una gravedad incontrovertible, pero la opción del perdón es real: los tres poderes del Estado han alineado los astros para viabilizar la rendija que limpie sus antecedentes y lo devuelva a la papeleta, en la que Mulino fue vicario. Si Martinelli compite en persona, la contienda abandona el seminario de ética y se convierte en un choque de certezas, donde la amnistía se vendería como el peaje para la bonanza. Y el chenchén… huidizo. Con un Martinelli candidato, a Lombana habría que buscarle acomodo; despojado de la vicaría y sin discurso ético, queda arrinconado como un actor secundario, candidato a Óscar como actor de reparto. Frente al coloso populista, VAMOS se yergue como el único contrapeso capaz de disputarle el poder real, mientras Martín busca oxígeno en la franja moderada.
Diego no llega a la edad soñada para ser presidenciable. Debe optar por el entonces octogenario poeta/maraquero.
En medio de esta física de fluidos, está el proceso de reestructuración de la partidocracia tradicional. El PRD, colectivo con mayor volumen de afiliados y que ha gobernado sin chistar, sufre un desmembramiento: su cúpula clientelar se refugia en el contenedor de Martinelli para asegurar la supervivencia en el presupuesto estatal, mientras una fracción de la militancia territorial se refugia en el UNE de Martín como contenedor de reciclaje. Castiga a su dirigencia, inamovible, sin traicionar la memoria genética. Ante este cuadro, ¿el PaPa (Panameñista) adónde migrará? Dame una pista. Quien acierte puede ir a turistear a Pesé o Pedasí.
El autor es periodista y filólogo.


