En el libro ¿Qué los hace leer así? Los niños, la lectura y las bibliotecas (2011), Geneviève Patte hace un estudio antropológico sobre cómo la biblioteca, en un mundo donde la técnica avanza sin freno, se convierte en un canal de comunicación humana que construye conexiones subjetivas y relaciones interpersonales en medio de la necesidad de conocer, reconocerse y pensar.
Frente al panorama actual que deja al descubierto la crisis en el aprendizaje de los jóvenes, urge “...pensar y repensar continuamente la biblioteca en sus fundamentos humanos, sociales y culturales”. Tal vez es el momento oportuno para hacernos algunas preguntas: ¿qué podemos hacer para que la biblioteca pública (y escolar) se convierta en centro de sociabilidad en la era digital? ¿Cómo estos equipamientos culturales, que han estado presentes en la historia de la sociedad, se presentan hoy como núcleos territoriales que permiten construir comunidades más humanas e integrales?
La biblioteca no es un lugar mágico donde niños y jóvenes con problemas de aprendizaje y lectura entran y, al salir, son superlectores con un alto rendimiento en la escuela. Ni siquiera el objetivo de la biblioteca es enseñar a leer y escribir bien.
Sin embargo, la biblioteca ha pasado a ser el tercer lugar porque es un refugio simbólico donde el encuentro humano de la cultura nos aleja por un momento de la distracción de las redes. Por eso, dice Patte: “La biblioteca le concede toda la importancia que merece al encuentro”. Y es este encuentro, que es diverso y extraño en su riqueza, el que favorece el desarrollo cognitivo.
En contextos vulnerables, la biblioteca amortigua la desigualdad porque es una institución que puede trabajar desde los márgenes. En la educación, las brechas socioculturales se consolidan desde la primera infancia. Las bibliotecas públicas y escolares nivelan el terreno al ofrecer acceso gratuito, equitativo e inclusivo a un acervo diverso, incluso a tecnologías, lo que permite garantizar el derecho al aprendizaje, sin importar el origen socioeconómico del estudiante.
La biblioteca es un organismo vivo en la comunidad que puede servir de apoyo en el complejo mundo que rodea la educación de los niños y adolescentes. Dice Geneviève Patte: “La biblioteca viva no se conforma entonces sólo con la función de distribuir. Se afirma siempre como un medio de gran riqueza, abierto sobre el mundo y con sus raíces en las experiencias de campo, en el barrio, a la altura de los niños y sus curiosidades”.
Ante los bajos resultados académicos y las brechas sociales, las bibliotecas públicas y escolares se presentan como nodos territoriales y pedagógicos de acción ciudadana. Los programas y propuestas de iniciativas culturales en una biblioteca dimensionan el encuentro con lo humano, la intimidad y la confianza que necesitan niños y jóvenes para confrontar sus problemas.
La evidencia empírica demuestra que las escuelas que cuentan con bibliotecas activas e integradas a su proyecto pedagógico logran un incremento en el aprendizaje del alumnado equivalente a un año y medio adicional de escolarización. Este beneficio se ve reflejado directamente en materias como las matemáticas y las ciencias, porque se fortalece la comprensión de los enunciados y la capacidad de inferencia lógica.
Las bibliotecas aportan la mediación humana especializada de bibliotecarios y docentes. Por eso, las bibliotecas son laboratorios de Alfabetización Mediática e Informacional (AMI), es decir, espacios donde se enseña a buscar, verificar y evaluar fuentes críticamente, evitando la lectura fragmentada para fomentar el pensamiento autónomo y crítico.
“La lectura está en todos lados; la biblioteca se alegra de tanta diversidad y apoya fuertemente a quienes deseen avanzar con ella. Más que nunca, la biblioteca debe estar a la escucha. A su alrededor se tejen hilos”, nos dice Geneviève Patte como conclusión en su libro. Y añade: “...la biblioteca que necesitamos está llamada a moverse sin cesar, a salir de sus hábitos y de sus muros para acercarse a todos, sin excepción”.
Por eso, es prioridad invertir de manera sostenida en la Red de Bibliotecas Públicas y también crear la Red de Bibliotecas Escolares, dotadas de libros de calidad, con mediadores formados y conectadas con las comunidades. Esta es una decisión del Estado que no se puede seguir postergando. Si existe una forma efectiva de cerrar brechas de desigualdad, elevar la calidad del aprendizaje y consolidar una ciudadanía crítica y democrática, es invirtiendo en educación, y las bibliotecas son parte de esa emergencia.
Quiero cerrar citando una vez más a Geneviève Patte: “La biblioteca proporciona un ambiente cultural único y profundamente humano. Al animar a cada uno a su propio camino, favorece la emergencia de las identidades a emprender en su singularidad. Ofrece un espacio en el cual la expresión de las diferencias es posible, deseable y estimulada. Es un lugar en el cual se puede aprender a construir relaciones concretas con el otro”.
El autor es escritor.


