China es una civilización milenaria que subsiste hasta nuestros días, y sus principales corrientes filosóficas son el taoísmo, el confucianismo y el marxismo.

Lao Tsé (siglo VI a. C.), fundador del taoísmo, fue mayor y contemporáneo de Confucio.

Según el Tao Te Ching, de Lao Tsé, el yin y el yang son dos fuerzas presentes en el universo.

La dialéctica, según los griegos, es una forma de discusión entendida como afirmación, negación y negación de la negación.

Los griegos conocieron la dialéctica mucho después que los filósofos chinos. Heráclito creía que la lucha de los contrarios era la fuerza que movía el mundo.

Desde finales del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX, la dialéctica adquirió relevancia con Friedrich Hegel (1770-1831), quien sostenía que el mundo evolucionaba gracias a la Idea o el Espíritu.

Sin embargo, fue Marx quien señaló que Hegel estaba equivocado, ya que el ser humano y sus condiciones materiales constituyen el fundamento de la vida. Para Marx, Hegel había invertido la relación entre pensamiento y realidad.

Pero ni Hegel ni Marx hablaron del yin y el yang ni de su conexión con el universo, ya que sus sistemas de pensamiento se desarrollaron dentro de la tradición filosófica occidental.

El siglo XIX fue desastroso para el pueblo chino: las Guerras del Opio, la primera entre 1839 y 1842 y la segunda entre 1856 y 1860, fueron conflictos bélicos en los que el Imperio británico, aliado con Francia en el segundo conflicto, derrotó a la dinastía Qing, dando inicio al llamado siglo de la humillación.

La Segunda Guerra Sino-Japonesa (1937-1945) fue uno de los conflictos más brutales de Asia en el siglo XX. La Masacre de Nankín, cometida por fuerzas japonesas, dejó miles de víctimas civiles y se convirtió en uno de los episodios más dolorosos de esa guerra.

La Segunda Guerra Sino-Japonesa, y no el ataque japonés a Pearl Harbor, fue el conflicto que antecedió al enfrentamiento global en Asia y que posteriormente contribuyó a la derrota de Japón en la Segunda Guerra Mundial.

El Partido Comunista de China (PCCh) fue fundado el 1 de julio de 1921. Entre sus primeros dirigentes estuvieron Chen Duxiu y Li Dazhao. Surgió tras el impacto del Movimiento del Cuatro de Mayo de 1919 y la influencia de la Revolución Bolchevique en Rusia. Su primer congreso reunió a 13 delegados e incluyó al entonces joven Mao Zedong.

Entre 1924 y 1927, los comunistas colaboraron con el partido nacionalista Kuomintang.

En 1927, los nacionalistas rompieron la alianza y persiguieron a los comunistas, lo que desencadenó una guerra civil que culminó con la victoria del PCCh y la fundación de la República Popular China en 1949.

El llamado socialismo con peculiaridades chinas es presentado por sus dirigentes como el resultado de la integración de su pasado milenario con su aspiración de convertirse en un referente internacional.

El PCCh sostiene que la unidad del pueblo frente a sus agresores ha sido fundamental para cimentar y consolidar la soberanía y la independencia nacional.

China se ha convertido en una de las principales potencias económicas del mundo. Según organismos internacionales, logró sacar de la pobreza extrema a cientos de millones de personas durante las últimas décadas.

Su desarrollo económico se debe, entre otros factores, a los cambios introducidos a partir de 1978, cuando Deng Xiaoping impulsó el programa conocido como Reforma y Apertura. Deng promovió una mayor apertura económica, permitió el crecimiento del sector privado y mantuvo el control estatal sobre áreas consideradas estratégicas.

Panamá y China tienen un importante papel que desempeñar para mantener un clima de paz y cooperación en la región y en la geopolítica mundial.

Señalaremos algunas tareas de política exterior que recomendamos para que ambos países lleven a cabo:

  1. Promover negociaciones internacionales para garantizar la seguridad y el libre tránsito por estrechos estratégicos como Ormuz y Malaca, con la participación de los países involucrados.

  2. Aumentar el flujo de mercancías hacia la Zona Libre de Colón y fortalecer el intercambio turístico entre China y Panamá.

  3. Incrementar los vínculos de intercambio académico entre Panamá y China.

  4. Retirar la empresa china del proyecto First Quantum Minerals.

  5. Importar tecnología china para convertir la basura en electricidad.

  6. Erigir un monumento a Wong Kong Yee, considerado por diversos sectores como uno de los mártires chinos vinculados a la separación de Panamá de Colombia del 3 de noviembre de 1903.

  7. Erigir un monumento a los chinos que murieron durante la construcción del ferrocarril transístmico en el siglo XIX como consecuencia de las duras condiciones laborales y el maltrato.

  8. Restaurar el monumento a la Amistad Chino-Panameña a orillas del Canal, cuya estructura fue removida.

  9. Armonizar las políticas de China y Panamá en organismos internacionales para contribuir al progreso y la paz mundial.

El autor es exdiplomático.