Son las tres de la madrugada. De pronto, suena la alarma del edificio.

En cuestión de segundos, decenas de puertas se abren al mismo tiempo. Hay familias con niños pequeños, personas mayores y vecinos que apenas se conocen. Algunos preguntan si deben usar el ascensor; otros empiezan a bajar por una escalera que rápidamente se llena de personas que intentan salir, unas con calma, otras con desesperación, todas a velocidades distintas. En pocos segundos, el orden da paso a la incertidumbre, y la incertidumbre se convierte en caos.

Nadie verifica si todas las personas lograron evacuar. Nadie sabe con certeza dónde reunirse al salir. La emergencia puede ser un incendio, un sismo o cualquier otro evento que obligue a abandonar el edificio. Lo importante no es cuál fue la causa. La verdadera pregunta es otra: ¿estábamos preparados para responder juntos?

Durante las últimas décadas, Panamá ha aprendido a diseñar y construir edificios cada vez más altos. Nuestra ciudad ha crecido verticalmente con una velocidad extraordinaria. Sin embargo, ese crecimiento físico no ha estado acompañado por el fortalecimiento de nuestras comunidades.

Vivimos pared con pared con cientos de personas. Compartimos elevadores, escaleras, estacionamientos y áreas comunes, pero muy pocas veces sabemos cómo actuar colectivamente si ocurre una emergencia.

Hace pocas semanas, los terremotos en Venezuela volvieron a recordarnos la importancia de estar preparados. Ahora la advertencia se ha acercado todavía más: un fuerte terremoto sacudió Colombia y llegó a sentirse incluso en Panamá.

En nuestro propio corregimiento también hemos vivido episodios que dejaron una profunda huella, como la explosión en el edificio Urbana, en Bella Vista. Cada vez que algo así ocurre**,** volvemos a hacernos la misma pregunta: ¿qué hubiéramos hecho nosotros? Pero, con el paso de los días, esa sensación de vulnerabilidad se desvanece y regresamos a la rutina del día a día.

Quizás ya hemos recibido suficientes recordatorios. Es momento de organizarnos.

La seguridad no comienza cuando se activa la respuesta de los bomberos o del Sinaproc. Comienza mucho antes, cuando los vecinos saben qué hacer mientras esa ayuda llega.

Y el lugar más sencillo para empezar a organizarnos ya existe: el edificio.

Cada edificio cuenta con una administración, una junta directiva, canales de comunicación y espacios compartidos. Sobre esa estructura ya existente podríamos construir algo tan simple como valioso: un comité de emergencia, un protocolo conocido por todos, la identificación de vecinos que requieran asistencia especial, un punto de encuentro y simulacros periódicos que permitan aprender antes de que una emergencia real nos obligue a improvisar.

No se trata de generar miedo. Se trata de generar confianza.

Ese ejercicio no solo enseña a evacuar. También permite que los vecinos se conozcan, identifiquen quién puede necesitar ayuda y comprendan que, en una emergencia, la organización marca la diferencia entre el desorden y una respuesta efectiva.

Hoy, si somos honestos, la mayoría de nuestros edificios no está preparada para responder de esa manera. Y reconocerlo no debe preocuparnos. Debe impulsarnos a actuar.

No necesitamos esperar a que ocurra otra tragedia. Podemos empezar por algo sencillo y concreto: que algunas comunidades decidan organizarse, incorporar buenas prácticas que ya han demostrado funcionar en otros lugares, ponerlas a prueba, aprender de la experiencia y contagiar a otras.

Ese es el esfuerzo que queremos comenzar en Bella Vista. Reunir a vecinos, administradores y autoridades responsables; empezar con algunos edificios; aprender juntos y demostrar que podemos estar mejor preparados. Si funciona, otros podrán hacerlo también.

Porque esto no puede ser solamente tarea de las autoridades. Necesitamos que las comunidades quieran organizarse, participar y prepararse. Y necesitamos también que las instituciones, los medios de comunicación y la sociedad nos acompañen en ese proceso.

La próxima emergencia no nos preguntará si estamos listos.

Las ciudades no se vuelven más seguras por accidente. Una ciudad más segura se construye cuando sus vecinos deciden organizarse, prepararse y confiar los unos en los otros.

Ese es el camino. Y cuanto antes empecemos a recorrerlo, mejor sabremos qué hacer cuando vuelva a sonar una alarma y más capaces seremos de salir juntos.

El autor es ingeniero y representante de Bella Vista.